Jueves 31 de agosto 2023. Vigésimo primera Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar

Primera lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-13

Salmo de hoy 89, 3-4. 12-13. 14 y 17 R. Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres

Mateo 24, 42-51: Estén también ustedes preparados

En san Pablo hay una oración: “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos” Ante esta oración me pregunto ¿por qué no miramos y nos sentimos vivos por la fe que muestran otros cristianos, con una fe profunda, expresando su esperanza en el peregrinar de este mundo? Más que un sentirse vivo, expresamos una queja y crítica eternas que también cuestiona nuestro amor.

De ahí que esta oración paulina siga siendo necesaria contemplarla en silencio, y desmenuzarla poco a poco en nuestra oración. La fe ha de colmarnos de un amor mutuo, no egoísta, sino oblativo, entregado, sin distinciones o marginaciones. Quien reciba amor, sabrá en su fuero interno la belleza de lo que ha recibido, y lo contemplará para sí como un don, como un regalo que en la gratuidad será transformado en gratitud.

Amar a todos será el reto del cristiano. Nos cuesta comprender esta exigencia evangélica. ¿Cómo amar a quien nos mata, nos daña, nos ofende, nos hace sufrir? Sin embargo, la exigencia evangélica nos indica que el amor es una virtud que se ofrece a todos sin medida. Lo mismo que el diálogo que Dios ofrece al hombre, y espera a que éste en su libertad responda de manera positiva, de igual modo, nuestra invitación al amor será siempre a la espera de una libertad, la de aquel de quien quiera recibirlo. Si la respuesta es positiva hay un camino de vida que recorrer, si la respuesta es negativa, la oración será el recurso para invitar a la conversión.

Resulta curioso que todo lo que el hombre necesita en su deseo de felicidad y plenitud, como el amor, o la presencia de Dios, queda relegado a la indiferencia porque en su interior siempre quiere más. No queda colmado de amor, o de la presencia de Dios, no se siente salvado, por sentirse inacabado en su deseo de perfección.

Todo esto nos introduce en el Evangelio de Mateo: “Estad en vela, porque no sabréis qué día vendrá vuestro Señor”. “Estad también vosotros preparados…” La vida es incierta, y está en manos de Dios. Por más que luchemos y nos resistamos a la finitud, el logro no es sólo vivir esta vida, sino que es vivir en Dios. Ya es suficiente con el sentido que le damos a la lucha y al valor de la vida. Pero el hecho que la vida esté en manos de Dios, no nos ha de condicionar a la hora de mantener una fe constante, un amor gratuito, y un sentido de la vida acorde con nuestra esperanza.

A veces nos dejamos llevar por los miedos, por la cobardía, o por la pereza de luchar siempre con fe. Administramos mal nuestras fuerzas, y dejamos que nuestro corazón y nuestra mente se conviertan en una “cacharrería” donde todo es ruido, desaliento y abandono.

La fidelidad y el cuidado son las claves que Jesús nos invita a conservar y madurar. Quien es capaz de ser fiel a Dios, y ser cuidadoso del don recibido será dichoso.

F/ Dominicos.org

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