“El uso de la inteligencia artificial podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno, sino que, por el contrario, lo respalda; si aumenta la profesionalidad de la comunicación, responsabilizando a cada comunicador; si devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación”
El Papa también se detiene en las redes sociales, que son «herramientas que en las manos equivocadas podrían abrir escenarios negativos». «Como todo lo que ha salido de la mente y de las manos del hombre, también los algoritmos no son neutros», señala Francisco, y pide una «acción preventiva», proponiendo modelos de regulación ética. El llamamiento se dirige de nuevo a la comunidad internacional para que formule «un tratado internacional vinculante que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas».
“Grandes posibilidades de bien acompañan al riesgo de que todo se transforme en un cálculo abstracto, que reduzca las personas a meros datos, el pensamiento a un esquema, la experiencia a un caso, el bien a un beneficio, y sobre todo que acabemos negando la unicidad de cada persona y de su historia, disolviendo la concreción de la realidad en una serie de estadísticas”
«La revolución digital puede hacernos más libres», añade el Pontífice, subrayando que, sin embargo, «no es aceptable que el uso de la inteligencia artificial conduzca a un pensamiento anónimo, a un ensamblaje de datos no certificados, a una irresponsabilidad editorial colectiva». La representación de la realidad en big data corre el riesgo de «dañar nuestra misma humanidad».