El Papa: Pongan a Dios en el centro

«Revisemos estos puntos», es la invitación del Papa, «para poner a Dios en el centro», es decir, para que «Él sea el fundamento, el proyecto y el arquitecto, la piedra angular». Esto sólo se consigue a través de la adoración, afirma Francisco: «Jesús será nuestro pedagogo, paciente, severo, suave y firme según lo que necesitemos en nuestro discernimiento, porque Él nos conoce mejor que nosotros mismos, y nos espera, nos anima y nos sostiene a lo largo de nuestro camino. Él es nuestro mayor estímulo, porque hemos consagrado nuestra vida a seguirle».

«Dios -añadió el Papa- quiere dar a su pueblo pastores según su corazón, de Jesús no aprendemos cosas, lo acogemos, nos agarramos a él, para poder llevarlo a los demás. Y la gran lección que da el Señor es la ‘humanidad’, es decir, ‘se hizo carne, tierra, hombre, humus por nosotros, por amor’. Él es en este sentido «materia», como decía San Manuel.

El Papa «por disciplina» nos exhorta a confrontarnos cada mañana con la Eucaristía, «el inspector más vigilante» que nos ayuda a «reflexionar sobre la futilidad de nuestras ideas mundanas, de nuestros deseos de ascender, de aparecer, de sobresalir». Discernimiento, ciencia y vigilancia son, por tanto, necesarios; sin embargo, aunque son «aspectos clave» en el seminario, «no servirían de nada sin la ascesis», advierte el Papa: «Copiar un modelo presupone esfuerzo, hacer una obra de arte requiere inspiración, pero también trabajo, Jesús no eludió todo esto». Es necesario, por tanto, entrar en diálogo con Él, liberando el corazón de lo que es superfluo o corre el riesgo de superponerse a su palabra.

El Papa indica, por tanto, «el silencio, la oración, el ayuno, la penitencia, la ascesis» como elementos «necesarios» para liberarse «de lo que nos esclaviza y ser completamente de Dios». Esto, dice, «no sólo dentro, sino también fuera, en el trabajo, en los proyectos, abandonándonos a Jesús». El Señor, asegura Francisco, «será el gran providente, dejémosle a Él proponer y realizar, pongámonos a sus órdenes con docilidad de espíritu».

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