«La piel más temida», de Joel Calero
En esta oportunidad, Cusco es el escenario que eligió Calero para presentar a Alejandra (Juana Burga), una joven que luego de 22 años regresa al Perú para vender una propiedad familiar. Es en medio de esta tramitación que ella descubre la existencia de su padre, que además de haber pertenecido a Sendero Luminoso, purga condena en la cárcel por eso.
La piel más temida viene a ser la segunda entrega de una trilogía que el realizador dedica a la temática de la violencia que vivió el Perú, y que concluirá el próximo año con la historia del hijo de un miembro de las Fuerzas Armadas en su siguiente película, Álbum de familia.
La piel más temida es un viaje hacia el descubrimiento, hacia un despertar. No en vano su protagonista repite en varias ocasiones la escena de empezar un nuevo día. Y este viaje va a alimentar finalmente lo que es ella, saber de donde viene y cuales son sus raíces. Esta mezcla de mundos, o encuentro entre ellos, en la piel de Burga intenta acercarnos a una mirada más global de los hechos que ocurrieron en nuestro país, a la violencia que sacudió sobre todo el ande por más de una década.
El hilo que entrelaza a Alejandra con su padre es su abuela Dominga, caracterizada por Maria Luque, actriz boliviana que ganó un Premio APRECI por su interpretación en esta película. Luque se pasea con total sutileza en un personaje complejo y lleno de aristas. Con intenciones simples, pero a la vez con miradas complejas, revela por un lado la desconfianza y por otro representa un dolor casi orgánico por lo que lleva a cuestas. Sin duda el suyo es el personaje más interesante del film.
Calero es un realizador que enlaza, que dialoga con el público, que invita a otro tipo de sensibilidades, que representa la violencia desde un ángulo que podría parecer distante, pero que en realidad, propicia puentes hacia la reflexión.
La piel más temida es un film realizado con esmero, con buenas y excelentes actuaciones. El director hila fino desde el inicio, y aunque quizás decae en la escena que debió ser la más importante, el encuentro padre-hija; fuera de eso, recorre con maestría esas historias que aún no han sido contadas y lo hace con elegancia. Pero sobre todo, nos recuerda nuestra humanidad, nuestras diferencias y lamentablemente, nuestros prejuicios.

