Que los mares y los desiertos no sean cementerios
Dos escenarios que se han convertido en fatales para muchos migrantes obligados a cruzarlos porque huyen de las guerras, la pobreza y la desesperación, en busca de seguridad y estabilidad. En la actualidad presenta dramas cada vez más graves que podrían evitarse, señaló Francisco: es un «pecado grave», advirtió, rechazar sistemáticamente a los migrantes por cualquier medio.
Son los numerosos testimonios que el Papa recibe los que lo impulsan a denunciar el despreciable tráfico de migrantes y a elogiar a quienes trabajan para rescatarlos. Mar y desierto se convierten en símbolos de todos esos territorios impenetrables, críticos, que la mayoría de las veces se convierten en peligros, en trampas.
«Algunas de estas rutas las conocemos mejor, porque suelen estar bajo los reflectores – observó el Papa – y otras, la mayoría, son poco conocidas, pero no por ello menos transitadas».
«He hablado muchas veces del Mediterráneo, porque soy Obispo de Roma y porque es emblemático: el ‘mare nostrum’, lugar de comunicación entre pueblos y civilizaciones, se ha convertido – el ‘mare nostrum’ – en un cementerio. Y la tragedia es que muchos, la mayoría de estos muertos, podrían haberse salvado».

