Jueves 12 de junio del 2025. Décima Semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura del libro de Isaías 6, 1-4.8

Salmo de hoy 22, 2-3. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Juan 17, 1-2.9. 14-26: «Yo los envío también»

Antes del inicio de la Pasión, el evangelista Juan nos presenta a Jesús que, tras un largo discurso de despedida, ora al Padre por sus discípulos. Aquel que ha ido transmitiendo por los caminos de Palestina el amor de Dios, educando y enseñando a sus discípulos, acoge el momento de la entrega definitiva que lleva a la Pascua, en una oración que es a la vez de ofrenda de sí mismo y de intercesión por aquellos a quienes ha ido preparando para continuar su obra en el mundo.

Jesús ora no sólo por sus discípulos, sino también por todos aquellos que, por la predicación de la palabra de aquellos, lleguen a creer; Jesús ora por toda la comunidad cristiana presente y futura, ora por su Iglesia, y lo que pide es que seamos uno.

Esta oración ha sido llamada por la Tradición, debido a este carácter intercesor, oración sacerdotal. En ella descubrimos a Cristo como el Sumo Sacerdote, no al modo de los sacerdotes del Antiguo Testamento que realizaban su función de forma repetida y a través de ofrendas y sacrificios; porque Cristo es a la vez el sacerdote y la víctima. Su sacerdocio es la entrega de su propia vida, una vez y para siempre, como nos dirá la carta a los Hebreos. Por eso quien ora por nosotros es Aquel que a través de su entrega en la cruz, por amor a la humanidad, ha alcanzado la Gloria, que es la plenitud del Amor. Un Amor que ha vencido el mal, la muerte y que nos comunica y transmite la Vida, que significa vivir en comunión con Cristo, “ser uno en Él”

Vivir la comunión con Cristo, significa acoger su envío a realizar su misión en medio del mundo, de nuestros trabajos y quehaceres; a ser signos de unidad, de fraternidad, en un mundo fragmentado y roto por la violencia y la indiferencia ante otras vidas humanas, especialmente ante las más vulnerables. Esta unidad, el Señor la presenta como condición para que otros puedan creer. No hay otro signo más elocuente, más claro, que sea transparencia de Dios que la vivencia de la comunión, que es la esencia de Dios reflejada en el misterio Trinitario.

Para esta misión contamos con la oración de Aquel que, en medio de nuestras decepciones, dificultades, miedos, se presenta en medio de nuestras vidas como el Resucitado y nos regala la fe, el amor y la esperanza que necesitamos para ser testigos de su Presencia viva y vivificante en este hoy tan apasionante que tenemos como don y tarea ante nosotros.

F/ Dominicos.org

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