El papel de las religiones en la promoción de la paz
El Pontífice reconoce que ser «constructores de paz» —en referencia al Sermón de la Montaña del Evangelio de Mateo— «no es una decisión fácil». «Nos saca de la comodidad de la distracción y la indiferencia, y puede encontrar oposición por parte de quienes buscan perpetuar los conflictos», continúa. Pero insta a los jóvenes a seguir «sigan siendo signos de esperanza, esa esperanza que no defrauda, que está arraigada en el amor de Cristo», viviendo como «sus testigos» que proclaman el Evangelio, «precisamente alrededor de ese mar desde cuyas orillas partieron los primeros discípulos». «El horizonte del creyente no es el de los muros y las alambradas, sino el de la aceptación mutua», enfatiza, añadiendo que «el patrimonio espiritual de las grandes tradiciones religiosas nacidas en el Mediterráneo» puede seguir siendo un «fermento vivo» y una fuente de paz, fraternidad y cuidado de la creación en esta región.
Esas mismas religiones han sido y a veces siguen siendo instrumentalizadas para justificar la violencia y la lucha armada. Debemos desmentir con nuestra vida estas formas de blasfemia, que oscurecen el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, cultiven la oración y la espiritualidad como fuentes de paz y lenguajes de encuentro entre tradiciones y culturas.

