Jueves 19 de marzo de 2026 – Cuarta semana de cuaresma
Primera Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16
Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R/. Su linaje será perpetuo
Segunda Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
Reflexión
San José fue más allá de la ley que mandaba repudiar a quienes se encontraban en una situación como María. Es la lucha diaria de todo ser humano que quiere ser fiel a su conciencia. El amor va más allá de la ley. San José responde a esta invitación consciente de que el misterio de Dios va más allá de la percepción, de ahí que la fe de San José es la respuesta consciente y firme de quien posiblemente no entendía, pero amaba. El amor transforma la fe en luz y esa luz se traduce en esperanza. “Hizo todo lo que le había dicho”, responde con fidelidad porque vio con el corazón.
Un corazón que ve es un corazón humanizado que ha traspasado la eficacia de la razón para entrar en la dimensión del amor. Un corazón que ve más allá, un corazón contemplativo que es capaz de acariciar el tiempo y darle consistencia de eternidad, desde la fidelidad callada del día a día. San José fue un hombre contemplativo, un hombre de fe que vio la luz de la verdad más allá de las apariencias.
Quizá nos falte humanizar nuestra vida desde un corazón que ve, que nos de esa perspectiva eterna que se consolida con la fe en el amor de Dios que nos invita a darle dignidad a nuestra humanidad.

