Viernes 17 de julio del 2026. Decimoquinta semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Beato Ceslao de Polonia
Primera lectura del libro de Isaías 38, 1-6. 21-22. 7-8
Salmo de hoy Is 38, 10. 11. 12abcd. 16bcd R/. Tú, Señor, detuviste mi alma para que no pereciese.
Mateo 12, 1-8: Atravesó Jesús en sábado un sembrado
“Quiero misericordia y no sacrificios”
En el evangelio de hoy nos encontramos con este Jesús que ofrece vida sin fin, “enredado” en cuestiones legales, como tantas otras veces, con los fariseos. Dos modos opuestos de concebir a Dios, al ser humano, la religión…
Para los fariseos todo se juega en el estricto cumplimiento de la Ley. Una ley que contaba con más de 600 preceptos que pretendían regir y controlar la vida entera de la persona. Sólo cumpliéndolos se era digno ante Dios. Quienes no los cumplen son pecadores e impuros.
Sobra decir que una gran parte del pueblo llano no los cumplía porque ¡no los conocía! Es realmente difícil poder aprender 613 mandatos y tampoco se enseñaban a la gente sencilla, que era analfabeta en su mayoría, además de que las Escrituras estaban reservadas a las élites religiosas.
Jesús se enfrenta a esta situación, una y otra vez, por injusta, falsa y focalizada en cuestiones de detalle enormemente alejadas de lo esencial. Y lo hace con argumentos extraídos de la propia Escritura. La cita elegida en esta ocasión, “quiero misericordia y no sacrificio”, (Os 6,6) deja definitivamente zanjada la cuestión. Para Jesús lo único que hay que hacer es todo aquello que contribuya al bien del ser humano, y lo único que no hay que hacer es aquello que le hace daño. La primacía del amor, la misericordia, la compasión… por encima de toda normativa, precepto, casuística. Jesús lo anuncia con palabras y gestos, y terminará su vida pidiéndonos a sus discípulos que nos amemos. No hay otra obligación, no hay otra prioridad.
Podemos confesar que no es fácil, pero no podemos excusarnos tratando de ignorar o tergiversar lo que Jesús propone. De hecho, desde nuestras pequeñas experiencias de compasión, solidaridad, entrega, compromiso con los más vulnerables, amor a los otros… es seguro que podemos proclamar que nada nos hace más dichosos en lo profundo de nosotros mismos.
F/Dominicos.org

