Lunes 3 de agosto del 2026. Decimoctava semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Beato Agustín Kazotic
Primera lectura del libro de Jeremías 28, 1-17
Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102 R/. Instrúyeme, Señor, en tus decretos.
Mateo 14, 22-36: “Señor, sálvame”
Las palabras de Jesús son muy importantes: “no tengáis miedo”. Efectivamente, quizás la razón más profunda de nuestros pecados, cobardías y traiciones sea el dejarnos dominar por el miedo. Y prosigue: “Soy yo”. Jesús se identifica como alguien real, pero, además con una expresión que para un israelita resuena al nombre mismo de Yahvé revelado a Moisés (Yo soy).
Pedro reacciona como quien es: impulsivo y generoso: “Si eres tú, Señor, manda que yo vaya a ti”. Jesús acepta.; Pedro se arriesga, pero ante la fuerza del oleaje, se siente dominado por el terror y empieza a hundirse.
El grito le sale de lol profundo: “Señor, sálvame”. Jesús le agarra la mano y le contesta con una afirmación que es la respuesta a todos nuestros terrores y, simultáneamente, a todas nuestras falsas confianzas en las solas fuerzas propias: “Hombre de poca fe ¿por qué has dudado?
Tras la accidentada travesía, los discípulos, admirados de Aquel que domina los elementos, se postran y confiesan: “Verdaderamente, Tú eres el hijo de Dios”.
Pedro somos cada uno de nosotros y toda la Iglesia en su conjunto. Mientras tengamos los ojos fijos en Jesús y en su seguimiento, estamos seguros, no en nosotros, sino en El. De lo contario, el miedo nos atenaza, vence y degrada.
Cuándo digo que creo en Jesús ¿en qué creo verdaderamente de Él? Cuando digo que creo en Jesús ¿cómo es mi proceso de fe en la vida diaria? ¿Cuándo me dominan el miedo y la falsa confianza?
F/Dominicos.org

