Jueves 24 de setiembre del 2026. Vigésimo quinta Semana del Tiempo Ordinario
Primera lectura del libro del Eclesiastés 1, 2-11
Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Lucas 9, 7-9: ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?
A lo largo del Evangelio, aparecen muchas personas que quieren ver a Jesús, que quieren conocer a Jesús, como, por ejemplo, los Reyes Magos, Zaqueo o unos judíos que también buscan a Jesús para conocerle. El punto de este deseo y de esta búsqueda está en descubrir por qué querían ver a Jesús, para qué buscaban verlo.
Herodes sólo quería conocer a Jesús por curiosidad, quería espectáculo y circo, incluso quería presenciar algún milagro. En realidad, él no deseaba tener un encuentro con Jesucristo, porque tener un encuentro con Cristo es algo muy profundo, es estar dispuesto a que Cristo entre en tu corazón y te cambie la vida.
Quizás es un buen momento para preguntarte si deseas ver a Jesús, si realmente deseas tener un encuentro sincero con Cristo, aun sabiendo que este encuentro puede poner tu vida patas arriba y darte una vida nueva y un corazón nuevo.
En el mundo de hoy también hay curiosidad, hay algunos que buscan lo milagrero, para otros Jesucristo ni existe, otros se oponen a su mensaje. Pero, también hay muchas personas que “desean ver a Jesús”, aunque no se den cuenta a quién están buscando de verdad. Nosotros, los cristianos debemos dar testimonio con nuestra vida de que Cristo es la respuesta a todas nuestras búsquedas.
Termino con unas palabras de San Juan Pablo II: “Buscad a Jesús esforzándoos por conseguir una fe profunda que oriente toda vuestra vida…Él debe ser vuestro apoyo en el camino de la vida. Sólo Él tiene Palabras de Vida Eterna”
Señor, aviva en nosotros el deseo de conocerte, que podamos encontrarnos contigo, hablar contigo, escucharte y…. amarte.
F/Dominicos.org

