Jueves 12 de Marzo de 2020. A. 2a Semana de Cuaresma.

Luis Orione, fundador (1940) Maximiliano de Tébessa (295)

Jr 17,5-10: Bendito quien confía en el Señor. Salmo 1: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Lc 16,19-31: Recibiste bienes y Lázaro males.

Jr 17,5-10: El hombre no debe confiar solo en la fuerza humana. Su corazón se aparta del Señor. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente, no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

Lc 16,19-35: La parábola del rico y del pobre Lázaro. El apego al dinero rompe la comunicación, nos hace insensibles al dolor del pobre: La pobreza afecta a una cuarta parte de la población del mundo en desarrollo. Hay un desprecio al pobre. “Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres.(III Jornada mundial de la pobreza 17.11.2019. Papa Francisco)

El Perú, país rico en recursos naturales, predomina una población pobre, sin los recursos básicos para vivir y una minoría, concentra la riqueza. Esto se debe a la corrupción, la indiferencia, la resistencia al cambio y las luchas políticas, impiden el cambio de estructuras, el desarrollo del país y el bien común, generando desempleo, desnutrición, delincuencia, problemas de salud, baja calidad de educación, ningún interés en proteger la industria nacional y al agro.

El rico se jactaba de sus riquezas, se banqueteaba cada día. Era insensible al sufrimiento y a la hambruna del pobre Lázaro (El ayudado de Dios) que deseaba saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico.

“El hombre rico se condenó, no porque no tuviera un espíritu fuerte, sino porque no era tierno de corazón. Para él, la vida era un espejo que sólo le reflejaba a él, y no una ventana por la que veía a sus semejantes. El rico fue al infierno, no por ser rico, sino porque no tuvo la suficiente ternura para ver a Lázaro y porque no dio paso alguno para salvar el abismo abierto entre él y su hermano.” (Martin Luther King. La Fuerza de amar)

¿Tenemos un espíritu firme a los cambios y tierno para amar a los desvalidos y cambiar su situación?

Fr. Héctor Herrera o.p.

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