Viernes 19 de Junio de 2020. A. 11ª Semana T.0.
Sagrado Corazón de Jesús
Dt 7,611: El Señor se enamoró de ustedes. Salmo 102: La misericordia del Señor dura para siempre. 1Jn 4,7-16: Él nos amó. Mt 11,25-30: Soy manso y humilde.
Dt 7,6-11 nos muestra el amor y la misericordia de Dios: “tú eres un pueblo consagrado al Señor”(v.6). Este amor y misericordia se muestra en su hijo Jesús: nos ama con ternura y misericordia. De allí que su amor nos compromete con nuestros prójimos, porque “si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado en nosotros a su plenitud (1 Jn 4,12).
Jesús nos llama aprender de él que es “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Los sabios y entendidos eran las élites religiosas de Israel, como hoy, podemos ser los que creen que todo lo saben. Creen conocer bien a Dios, sin embargo estar lejos de Él. Dios se manifiesta a los sencillos como se manifestó a Santa Margarita María de Alacoque, que supo descubrir en el corazón de Cristo, el pleno amor a Dios y al prójimo.
El Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta se recuerda hoy le manifestó: «Quiero que sirvas -le dijo el Señor- de instrumento para atraer los corazones a mi amor… Te constituyó heredera de mi corazón… Mi divino corazón de tal manera se abrasa en el amor a ti y a todos los hombres que ya no lo puedo contener y quiero, por tu medio, manifestarlo a todos… Tengo sed de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento».
«El Sagrado Corazón -escribió la santa francesa- es una fuente inagotable, que no desea otra cosa que derramarse en el corazón de los humildes, para que estén libres y dispuestos a hasta la propia vida… De este divino Corazón brotan sin cesar tres arroyos: la misericordia para con los pecadores, la caridad en provecho de los necesitados y el amor y la luz para los justos… Este Corazón divino es un abismo de todos los bienes, es un abismo de amor en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia».
Es en el amor donde conocemos a Dios. “Quien no ama no ha conocido a Dios, ya que Dios es amor” (1 Jn 4,7). ¿Dónde está nuestro corazón en Dios, o en los bienes materiales?
Dios nos ha amado primero. Por eso envió a su mismo hijo Jesucristo para enseñarnos el camino de la humildad y la mansedumbre que significa buscarlo con insistencia, si aprendemos a amarnos los unos a los otros. Reconocer que estamos con Él, es participar de su mismo Espíritu de comunión, de apoyo de unos a otros.
Toda persona que cree, ama, espera y confiesa a Jesús como el Hijo de Dios “Dios permanece con él y él con Dios” (1 Jn 4,15).
Fr. Héctor Herrera op.

