Martes 07 diciembre de 2021. 2da Semana de Adviento

Ambrosio (397)

Is 40,1-11: Dios consuela a su pueblo

Salmo 95: Nuestro Dios llega con poder

Mt 18,12-14: Dios no quiere que nadie se pierda

En este capítulo del evangelio de Mateo se reúnen algunas instrucciones sobre el modo de actuar en la comunidad de los que siguen a Jesús. El cuadro que dibuja Mateo sitúa a Jesús rodeado de los discípulos, que tienen mucho interés en saber quién es el más grande en el Reino de los Cielos.

Jesús, antes de responder, coge a un niño pequeño y lo coloca en medio de ellos. El niño, en aquella época y cultura, representaba el último escalafón de la sociedad. No contaban para nada: ninguna consideración, ningún derecho. La pregunta por el “más grande” queda al margen, probablemente ante el desconcierto de los discípulos.

Y en ese contexto Jesús habla de un hombre que teniendo cien ovejas, pierde una y se va a buscarla dejando a las otras noventa y nueve. Y no ceja en su empeño hasta que la encuentra. Y se alegra por ella, más que por las noventa y nueve que no se habían perdido.

E inmediatamente presenta la explicación de esta historia: el Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños. El pequeño era el niño, personificación de los “últimos”, de los que no cuentan para nada. Y nos está diciendo claramente que Dios quiere la salvación de todos y cada uno de sus hijos. De modo que si alguno de nosotros anda perdido, la comunidad debería hacer cuanto está en su mano para “encontrarlo”, para recibirlo, acogerlo, integrarlo…

Pero aún hay algo mejor e “impensable” para cada uno de nosotros, algo que se convierte en cimiento y alegría de nuestra vida: en tantas situaciones o momentos de la vida en que nos podemos sentir “perdidos”, Dios mismo nos busca, incansable, y se alegra infinitamente si nos dejamos encontrar…

F/ Dominicos.org

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