Sábado 16 de noviembre de 2019. C. 32ª Semana

Margarita de Escocia (1093)

Sab 18,14-16; 19,6-9: Se vio el Mar como camino. Salmo 104: Recuerden las maravillas que hizo el Señor. Lc 18,1-8: Dios hará justicia a sus elegidos.

Lc 18,1-8: nos presenta la parábola del Juez y la viuda. La viuda representa a los pobres que luchan para que se les haga justicia, porque saben que Dios está de su parte y que nunca los abandona.

La viuda representa a los pobres. Es una mujer despojada, insiste a ese juez que no teme a Dios ni respeta a los humanos (v.4) que le haga justicia. En este ejemplo Jesús nos muestra, el primer interesado por la causa del pobre es Dios, para que asumamos con responsabilidad y constancia. Dios escucha el gemido del pobre, porque lo ama y quiere su libertad. Es la actitud del creyente, orar, suplicar, entrar en contacto con nuestro Padre Dios. El conoce nuestras necesidades antes que se lo pidamos. Abrir nuestro corazón en la profundidad del silencio para encontrarnos con Dios cara a cara, para hablarle como el hijo o hija que acude a su Padre bueno, misericordioso y que espera también nuestro esfuerzo y quehacer cotidiano para dejarnos envolver por su amor y para construir la justicia de Dios aquí y ahora. Si este juez que es injusto ha escuchado a esa pobre viuda, con mayor razón Dios nos escucha.

Toda la vida de Jesús, es una constante oración, buscó siempre hacer la voluntad de su Padre Dios (Jn 6,39). Se retiraba a lugares solitarios a orar (Lc 5,16). Sólo en el silencio nos encontramos con nosotros mismos, con Dios y con los demás. Porque allí comprendemos la grandeza del amor de Dios y el amor al prójimo como a sí mismo. La fe madura cuando confrontamos nuestra vida con la Sagrada Escritura. Es la Palabra de Dios la que nos educa, nos corrige, nos capacita para enseñar y encaminarnos hacia la justicia y hacer obras buenas (2 Tim 3,16-17).

Aprendamos de la viuda del Evangelio a orar siempre, sin cansarnos. ¡Era valiente esta viuda! Como valientes son las mujeres viudas que perdieron sus hijos durante el terrorismo y siguen clamando justicia, para que nunca más el asesinato, las desapariciones se repitan.

La fe nace en el corazón del hogar, sin vida de oración no hay fe. La fe se alimenta de la Palabra de vida, esperanza y libertad, nos da un espíritu nuevo para hacer cosas nuevas, para construir y plantar la semilla del reino en defensa de la tierra, del agua, de los ríos, en defensa de la ecología, mejorando la calidad de vida a favor de niños(as) desnutridos, no ser indiferentes. Escuchemos la voz del Espíritu: ama con corazón agradecido, sin desanimarte. Ora en todo tiempo. Y encontrarás sentido a tu vida, porque Dios está presente en cada circunstancia de la vida. ¿Seremos fieles en vivir en serio nuestra fe en Jesús?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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