Jueves 10 de Septiembre de 2020. Semana 23 T.O.
Nicolás de Tolentino (1305)
1Cor 8, 1b-7.11-13 Pecan contra Cristo. Salmo 138, Te alabaré con todo mi corazón. Lc 6,27-38: Sean compasivos como es compasivo su Padre.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.
Frente a un mundo plagado de guerras, donde unos justifican matar miles de personas inocentes por un grupo intransigente de terroristas, cuando el odio crece y es alimentado por los traficantes de armas, Jesús nos propone una nueva manera: “Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian. Él nos enseña: “amar, bendecir, orar por los injustos violentos” (Lc 6,27.31).
La lógica del mundo parece no superar en la práctica el antiguo “ojo por ojo, diente por diente”, “al enemigo hay que aniquilarlo”, o “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En el Antiguo Testamento, el odio al enemigo era algo natural (Sal 34,1-8). Pero Jesús sorprende a la humanidad con otra lógica: “amen a sus enemigos”.
“Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes” (v.31) es la llamada “regla de oro de la caridad cristiana”. Debemos tener cuidado de no entenderla de manera mercantilista, reduciéndola a un simple negocio de reciprocidad. Hay que entenderla como un amor que no se contenta sólo con evitar el mal, sino que se compromete a hacer el bien a los demás, quienes quieran que ellos sean. Frente a los conflictos ensayemos una actitud misericordiosa, y nos sorprenderemos de su capacidad de desarmar a los enemigos y calmar su agresividad, con amor, respeto y ternura.
Jesús no es un estoico que se refugia en la tolerancia de los demás, sino ante todo lanza un imperativo con palabras llenas de caridad: “oren por ellos y ámenlos”. No solo se trata de no responder mal por mal, sino orar por aquellos que nos han lastimado. Ante la violencia mundial, El Dios de Jesús es ante todo el Dios de la Misericordia. El cristiano debe, por tanto, adoptar en su práctica cotidiana el comportamiento misericordioso de Dios.¿qué mecanismos de reconciliación y misericordia generamos en nuestras comunidades parroquiales?

