Jueves 01 de julio de 2021. Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 13
Atilano Cruz, mártir (1928)
Gn 22, 1b-19: El sacrificio de Abrahán
Salmo 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida
Mt 9, 1-8: La multitud alababa a Dios
En aquel tiempo Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados.
En el evangelio Jesús cruza de nuevo a la otra orilla. Cruza a otra temática de su buena noticia. Aquí se trata nada menos que del poder que Él tiene para perdonar pecados y el poder que tenemos como hermanos de este Hijo del Hombre para que perdonemos los pecados. Es un poder para perdonarnos las ofensas que continuamente cometemos unos contra otros. Porque como dirá Santo Tomas en su suma Teológica: “Dios no se siente ofendido por nosotros, sino que es porque actuamos contra nuestro propio bien”. El pecado es hacernos daño a nosotros mismos y a nuestros hermanos. El perdón mutuo es la capacidad que tenemos como seres humanos para perdonarnos y para reconstruir las relaciones de la convivencia humana que hemos roto con las ofensas de unos contra otros. Tres veces el texto usa el verbo “levantarse”. Es el verbo de la resurrección que experimentamos en esta vida y experimentaremos en la resurrección futura. Esta experiencia nueva escandalizó a los profesionales de la religión y produjo una alabanza por parte del pueblo sencillo.
F/Editorial Claretiana

