Sábado 23 de marzo 2024. Evangelio del día. Quinta semana de Cuaresma
Primera lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28
Salmo de hoy Jer 31, 10. 11-12ab. 13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
Juan 11, 45-57: Aquel día decidieron darle muerte
Conocemos la alianza de amor de Dios con su pueblo judío: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Con frecuencia, aunque siempre hubo un pequeño resto fiel, la mayoría del pueblo dio la espalda a su Dios yéndose detrás de otros dioses, de ídolos, lo que le acarreó el destierro a tierra extranjera. Dios, permitiendo estas situaciones dolorosas de su pueblo, nunca le abandonó. Fue siempre fiel a la palabra dada. Llegado el momento oportuno, hizo revivir su alianza de amor con su pueblo, como nos indica la lectura de hoy del profeta Ezequiel. “Con ellos moraré, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el que consagra a Israel, al estar mi santuario entre ellos para siempre”.
Con la llegada de Jesús hasta nosotros, la nueva alianza de Dios fue con toda la humanidad. Y Jesús la selló para siempre con su muerte y resurrección. Nos prometió no dejarnos solos nunca. “Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación de los siglos”. Algo que se cumple de manera total y perfecta después de nuestra muerte y resurrección, donde nos espera Jesús para decirnos: “Venid benditos de mi Padre a disfrutar del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.
Aquel día decidieron darle muerte
Nos encontramos ante los últimos días de la vida de Jesús sobre la tierra. El evangelio de hoy nos recuerda que Jesús había devuelto la vida a su amigo Lázaro, lo que llevó a muchos judíos a creer en él.
Este suceso incomodó sobremanera a los sumos sacerdotes y fariseos que se preguntaban cómo parar la acogida a Jesús. Para ello convocaron al sanedrín, y allí el sumo sacerdote Caifás sentenció: “conviene que uno muera por el pueblo y que no perezca la nación entera… y aquel día decidieron darle muerte”. Es cierto que Jesús “ya no andaba públicamente con los judíos y se retiró con sus discípulos a una ciudad llamada Efraín”. Sabía que la única posibilidad de evitar su muerte era no volver a predicar su buena noticia. Pero Jesús no se calló. No podía renunciar a la misión que el Padre le había encomendado de predicarnos su buena noticia. Y hasta nos siguió predicando desde lo alto de la cruz que el amor es más fuerte que la muerte, confiando en su Padre que no dejó que su vida de amor acabe en fracaso y al tercer día le resucitó. Y el amor venció a la muerte para siempre.
F/ Dominicos.org

