Miércoles 25 de diciembre de 2019.

NATIVIDAD DEL SEÑOR

Is 52,7-10: Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios. Salmo 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Heb 1,1-6: Dios nos ha hablado por el Hijo. Jn 1,1-18: La Palabra se hizo humana y habitó entre nosotros.

«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla del consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz» (Is 9, 5). Jesús el Dios con nosotros, ríe, llora, comparte nuestras esperanzas. Él es la Palabra de Dios que existía desde siempre y sin Él no existe nada de cuanto existe (Jn 1,2-3). Es el mismo Dios que nos trae la vida, porque en Él está la vida y la vida que es luz para todos (v. 4-5)

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2,14). Nos recuerda el Papa Francisco: “Hoy este anuncio recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz. Paz a la martirizada Siria. “Es hora de que las armas callen definitivamente y la comunidad internacional se comprometa activamente para que se logre una solución negociable y se restablezca la convivencia civil en el País. Paz para las mujeres y para los hombres de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los israelíes y los palestinos tengan la valentía y la determinación de escribir una nueva página de la historia, en la que el odio y la venganza cedan el lugar a la voluntad de construir conjuntamente un futuro de recíproca comprensión y armonía. (Homilía 25.12.2016)

Paz a todos hombres y mujeres en las diferentes regiones de África, Asia, América Latina, Centroamérica. Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo, para que se curen las divisiones y para que todas las personas de buena voluntad se esfuercen para iniciar nuevos caminos de desarrollo y de compartir, prefiriendo la cultura del diálogo a la lógica del enfrentamiento.

Paz a quien ha sido herido o ha perdido a un ser querido debido a la inseguridad ciudadana, a la indolencia o indiferencia de quienes más tienen. Paz a los que sufren la contaminación ambiental. Paz a quienes buscan creativamente el cuidado de la creación. Paz a las familias que cultivan la fe de sus hijos y siembran en su corazón los valores del evangelio.

 Vivamos la esperanza y la alegría, aún en medio de las dificultades, dejémonos que Jesús habite entre nosotros, abramos nuestro corazón y nuestra mente a su Palabra, de verdad y de gracia (Jn 1,14). Veamos a Jesús en quien está a tu lado, en el que se cruza en tu camino.

Fr. Héctor Herrera, o.p

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