Sábado 28 de diciembre de 2019. A. Octava de Navidad.

Santos Inocentes

Catalina Volpicelli (1894)

1Jn 1,5–2,2: La sangre de Jesús limpia. Salmo 123: Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador. Mt 2,13-18: Herodes mandó matar a los niños.

Mateo 2,13-18: establece un paralelo entre Moisés, Salvado de las aguas, liberado de la matanza de niños judíos ordenada por el faraón de Egipto y Jesús, salvado de la mano de Herodes. Ambos serán los salvadores. Moisés libera a su pueblo de la esclavitud de Egipto y Jesús libera a la humanidad del pecado que divide y causa la muerte del ser humano y de la creación.

Mateo, desde una reflexión de la fe, interpreta a la luz de la Palabra de Dios, la maldad de Herodes. Los tiranos de este mundo ciegan vidas inocentes, negándoles el derecho a la vida, a nacer, a crecer en condiciones dignas, obligados a huir por causa de la guerra, tiranía como sucede en Siria, el terrible drama de los migrantes, niños ahogados en el mar Ageo(Grecia), víctimas de traficantes que les cobran demasiado en frágiles embarcaciones. Países sordos a su dolor y que cierran sus fronteras. Niños obligados a trabajar antes de tiempo, víctimas de las mafias que los utilizan para explotarlos en el trabajo o en la limosna, en el tráfico de personas.

La matanza de los niños inocentes, evoca el exterminio de niños israelitas (cf. Ex 1,15 s) y el llanto de Raquel (c. Jr 31,15)

Una vez más el evangelista encuentra la clave del suceso en la Escritura. Ha pasado tiempo desde la muerte del profeta, pero los lamentos y los llantos de las madres continúan.

Los niños de Belén son víctimas de la maldad. Pese, a todo se manifiesta Jesús como el Señor de la vida. El nacimiento de Jesús se vincula con su muerte “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11)

Jesús es salvado de las manos del rey Herodes, y su familia tiene que huir hacia Egipto. Con esto se cumple lo que había dicho el profeta Oseas: “De Egipto llamé a mi hijo”. Esto nos muestra que a los opresores no les importa el daño que puedan ocasionar, incluso matando a niños inocentes, con tal de mantener el poder y la dominación. Los migrantes que huyen de una guerra cruel, nos hacen volver nuestra mirada a la familia de Nazaret que huye del tirano para proteger su vida. La isla griega de Kos, sigue siendo escenario de la muerte de niños inocentes, frente a la indolencia de las potencias. En nuestra nación, niños que mueren por el friaje, y condiciones inhumanas.

¿Somos ejemplo y testimonio en la familia, en la Iglesia, en la sociedad para los niños? ¿Nos preocupamos por su educación en la fe, en los valores de la vida y de su dignidad?

Fr. Héctor Herrera, o.p

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