Los jóvenes viven de exterioridad y consensos

Estar con Cristo, escucharle, hablarle, compartir «con Él la vida de cada día» da fruto en el apostolado, continuó Francisco, especialmente en el que se realiza al lado de los jóvenes, para que encuentren a Dios.

Los jóvenes no nos necesitan a nosotros: ¡necesitan a Dios! Y cuanto más vivimos en su presencia, más capaces somos de ayudarles a encontrarlo, sin protagonismos inútiles y teniendo en el corazón sólo su salvación y su plena felicidad. Nuestros jóvenes -pero en verdad un poco todos nosotros- viven y vivimos en un mundo hecho de exterioridad, donde lo que cuenta es aparentar, obtener aprobación, tener experiencias siempre nuevas. Pero una vida vivida toda «exteriormente» deja vacío el interior.

La invitación del Papa a los Oblatos de San José fue, pues, a hacer de sus comunidades y casas religiosas «lugares donde se pueda sentir y compartir el calor de la familiaridad con Dios y entre hermanos».

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