Miércoles 19 de Febrero de 2920. A. 6ª Semana T.0.

Gaspar de Búfalo (1836)

 Sant 1,19-27: Lleven a la práctica la Palabra. Salmo 14: ¿Quién puede habitar en tu monte, Señor? Mc 8,22-26: El ciego veía con claridad.

Mc 8, 22-26. Jesús en Betsaida, escucha, dialoga, toca al ciego, lo toma de la mano y lo lleva fuera del pueblo. Este gesto profundo del amor y de la misericordia de Dios, nos despierta al diálogo. Como nos dice el apóstol Santiago 1,19-27. Sean prontos para escuchar y lentos para la ira para practicar la justicia de Dios. Este varón ciego comienza a ver. Nosotros tenemos que abrir los ojos, aprender a ver y comprender nuestra realidad para incluirnos y cambiar el corazón de nuestras familias y de la sociedad. Recuperar la vista es acompañar a los hijos e hijas, inculcándoles los valores de la fe: escuchar, dialogar, promoverlos como personas para aprender a ver y actuar con claridad.

Nuestras comunidades cristianas, necesitan abrir los ojos y el corazón a la Palabra viva de Jesús para saber leer con los ojos de la fe, cuanto necesitamos cambiar de vida, convertirnos a Dios y a los hermanos. Salir de nuestros egoísmos para ver con la luz de Cristo la realidad y cambiarla.

Practicar la Palabra de Dios, nos hace personas alegres que comparten el amor con su prójimo cuando tú te haces solidario, ayudas a quien lo necesita. Es más fuerte esta solidaridad, cuando se hace desde nuestras comunidades cristianas. Cuando en las comunidades, se estudia la Palabra de Dios, los documentos de la Iglesia, la alegría del evangelio, el cuidado de la casa común, vamos tomando acciones concretas como Iglesia que despierta y vive el cuidado de la creación. Todas las comunidades necesitamos alabar, bendecir a Dios, pero ser misioneros que anuncian a Jesús. No basta cumplir con los sacramentos. Estos son signos de vida, si se viven en comunidad en esa preocupación de salir como Jesús a abrir los ojos de los ciegos. Todos somos responsables de la comunidad, de la vida social, cultural, educativa, política. No podemos permanecer indiferentes, ni que nadie nos manipule.

Jesús ha venido para liberarnos de la dejadez, de la ceguera del individualismo y egoísmo para vivir la alegría de la fe, la esperanza. El amor de Cristo nos urge.

Fr. Héctor Herrera o.p.

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