Arequipa envejece mientras los jóvenes replantean su futuro
Arequipa, al igual que el resto del Perú, está viviendo una transformación demográfica que no siempre se discute con la seriedad que merece. Cada vez hay menos nacimientos y al mismo tiempo, una población adulta mayor en constante crecimiento. Hoy, alrededor del 17% de la población arequipeña tiene 60 años o más, mientras que la relación con la población infantil se reduce de forma evidente, con cerca de 82 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. Estas cifras no solo describen un cambio estadístico, sino una nueva forma de sociedad que se está construyendo casi en silencio.
Sin embargo, más allá de los números, lo que resulta interesante y debatible es el cambio de mentalidad en los jóvenes. Cada vez más personas jóvenes en Arequipa y el Perú deciden no tener hijos o postergar la maternidad y paternidad. No necesariamente se trata de rechazo a la familia, sino de una reconfiguración de prioridades; tanto los estudios, la estabilidad económica, el desarrollo personal y bienestar emocional se colocan en el centro de sus decisiones. En muchos casos, ser padre o madre ya no es visto como una obligación social, sino como una opción que debe evaluarse con cuidado, incluso con incertidumbre.
El alto costo de vida en ciudades como Arequipa, la precariedad laboral juvenil y la falta de acceso a vivienda hacen que muchos jóvenes sientan que no existen condiciones suficientes para formar una familia. A esto se suma un cambio cultural importante, la idea de “vivir para uno mismo” ha ganado terreno frente a los modelos tradicionales de familia. En ese sentido, no estamos solo ante una decisión individual, sino ante el reflejo de una sociedad que ya no garantiza certezas.
El problema no es que los jóvenes no quieran tener hijos, sino que el contexto les hace dudar si pueden hacerlo con estabilidad y calidad de vida. El envejecimiento poblacional en Arequipa no es solo consecuencia de decisiones personales, sino de un sistema que no logra acompañar adecuadamente a las nuevas generaciones. Si esta tendencia continúa, el reto no será solo económico o sanitario, sino también cultural, cómo sostener una sociedad donde cada vez hay menos jóvenes para cuidar de una población mayor en crecimiento. La discusión, entonces, no debería centrarse en juzgar las decisiones individuales, sino en entender qué tipo de futuro estamos construyendo como región y país.
Redacción Patty Mamani

