El colapso dejó de ser una emergencia y se volvió rutina
«Ni los soldados van desarmados a la guerra.» La frase la pronunció la doctora Alida Huamán, exdirectora del Hospital Honorio Delgado Espinoza, mientras describía algo que en cualquier otro contexto sonaría inverosímil, entre cirujanos que se turnan el único electrocauterio disponible para operar, y quirófanos donde, cuando la luz falla en plena intervención, el personal médico ha tenido que recurrir a linternas para terminar el procedimiento. No es una anécdota aislada ni un exceso retórico. El 4 de marzo de 2026, médicos del Honorio Delgado sostenían una huelga que ya llevaba varios días, denunciando que el principal centro de referencia sanitaria del sur del país carece de insumos básicos para operar con seguridad.
Las cifras detrás de la protesta son elocuentes. Según denunció el presidente del Cuerpo Médico, Richard Fernández, el hospital lleva cinco años esperando un tomógrafo y un resonador magnético, mientras cuenta con 23 millones de soles certificados para equipamiento cuya ejecución real es prácticamente nula. La paralización, que en su séptimo día ya había dejado a más de 6 mil pacientes sin atención con un promedio de 860 consultas diarias perdidas, esto tuvo su espejo en el Hospital Goyeneche, donde el médico Enrique Lucero reveló que existe un saldo no ejecutado de más de 1.3 millones de soles destinados a medicamentos que simplemente no se usaron, mientras el nosocomio carece de equipos de laparoscopía y rayos X operativos, lo que mantiene suspendidas 350 cirugías programadas. El resultado práctico, pacientes que deben costear exámenes externos de hasta 900 soles, o que al enterarse de que serán operados con cirugía abierta tradicional prefieren retirarse, porque el equipo de laparoscopía «está inservible desde hace años».
La Contraloría General de la República ha documentado esta precariedad con el rigor de sus propias supervisiones. En una revisión realizada en noviembre de 2025, que incluyó un operativo nocturno para constatar la situación real de ambos establecimientos, el contralor general César Aguilar Surichaqui alertó sobre equipos biomédicos inoperativos en el servicio de Cardiología del Honorio Delgado, que impiden la adecuada evaluación de pacientes con alteraciones de presión arterial o ritmo cardíaco, además de fallas en la asignación de códigos patrimoniales que dejan a esos equipos fuera de los programas de mantenimiento preventivo. La Defensoría del Pueblo, por su parte, ha ido más allá de la alerta técnica, llegando a solicitar la intervención de la Fiscalía de Prevención del Delito ante el Gobierno Regional de Arequipa, al advertir que las carencias persistentes podrían configurar responsabilidad administrativa, funcional y hasta penal, con afectación directa a los derechos fundamentales de los pacientes más vulnerables. Solo el Honorio Delgado acumula 192 quejas registradas ante la sede defensorial entre 2021 y la fecha, la cifra más alta de los dos hospitales.
Frente a este cuadro, la respuesta de las autoridades regionales sigue el mismo patrón de siempre, reconocimiento del problema, promesa de solución y ejecución que no llega. El gobernador regional de Arequipa, Rohel Sánchez, amenazó con sanciones a los médicos en huelga en lugar de resolver el fondo del reclamo, mientras la indignación del personal de salud se dirigía hacia el gerente regional de Salud, Wálter Oporto, a quien exigieron su salida inmediata por presunta incapacidad de gestión.
En este marco, el presidente del Cuerpo Médico del Goyeneche, Willy Yanqui, pidió públicamente a las nuevas autoridades nacionales cerrar las brechas de infraestructura, equipamiento y personal médico especialista, y fue enfático en advertir que ya no se puede seguir «colocando paños de agua tibia a la enfermedad social de la normalización de las carencias». La región tiene, según estimaciones de análisis especializados, 30 proyectos de inversión en salud valorizados en casi 2,500 millones de soles, pero el propio Gobierno Regional carece del financiamiento para ejecutarlos, para la construcción del nuevo Honorio Delgado, que demanda 900 millones de soles, solo se llegó a programar 20 millones. Entre el diagnóstico técnico, la denuncia defensorial y el reclamo médico, el sistema de salud arequipeño sigue operando, literalmente, a media luz.
Redacción Patty Mamani

