La política arequipeña en modo campaña, mientras la gestión queda en pausa
Arequipa vive una temporada electoral que ha dejado en evidencia algo más que el ajetreo propio de cada proceso democrático, una clase política dispuesta a abandonar sus responsabilidades de gobierno apenas se asoma la posibilidad de un cargo mejor. Según el último reporte de Diario Correo, son 39 los alcaldes distritales de la región que dejan sus despachos para postular a otros cargos en las Elecciones Regionales y Municipales 2026, de los cuales 35 figuran como candidatos en alguna lista, 21 buscan cargos provinciales, dos cambian de jurisdicción, cuatro aspiran a un espacio en el Consejo Regional y seis se postulan como primeros regidores en lo que equivale a una reelección encubierta. Más de la tercera parte de las autoridades distritales de Arequipa, electas para gobernar sus territorios hasta 2026, han decidido que su prioridad ya no es terminar lo que empezaron, sino asegurar una nueva silla. La pregunta que cabe hacerse no es si tienen derecho legal a hacerlo sino si esta práctica, normalizada y repetida elección tras elección, no termina convirtiendo la gestión municipal en una simple antesala de campaña.
El caso de Ruccy Oscco Polar resume con crudeza esta lógica. La alcaldesa provincial asumió el cargo apenas en mayo de 2026, tras la vacancia de su antecesor, y a solo un mes de haber jurado solicitó licencia para postular a las elecciones de octubre, buscando precisamente continuar al frente de la misma municipalidad que recién empezaba a dirigir. Un medio local no dudó en calificar sus primeras semanas de gestión como «poses populistas» que más parecían el inicio de una campaña que el ejercicio sobrio de una alcaldía. El patrón se repite con el alcalde de Mariano Melgar, Óscar Ayala, quien pidió licencia de 120 días apenas confirmado su interés en el Consejo Regional, o con Cristhian Cuadros, alcalde de La Joya, que dejó el sillón municipal desde el 8 de junio para enfocarse en su candidatura. En el caso de Uchumayo, mientras el alcalde en funciones, Hardin Abril Velarde, continúa al frente de obras como el puente Bailey, su distrito ya tiene un nuevo candidato designado por uno de los movimientos regionales, anticipando el relevo antes incluso de que termine el periodo vigente. Cuando el calendario electoral se convierte en el verdadero cronograma de gobierno, son los vecinos quienes terminan pagando los costos de una gestión interrumpida, descabezada o simplemente distraída.
Pero si la fuga de autoridades hacia la boleta electoral ya es preocupante, más grave resulta la naturalidad con la que la política arequipeña recicla a quienes fueron apartados del poder por mal manejo de fondos públicos. Incluso el ex alcalde Víctor Hugo Rivera Chávez, quien fue vacado por el JNE mediante la Resolución N.° 0805-2026-JNE tras comprobarse que el cual concluyó que incumplió su deber, priorizando un interés personal sobre el público. Lo más inquietante de la candidatura de Rivera no es solo su reaparición, sino el mecanismo legal que la sostiene. Su postulación genera dudas porque la norma establece que, ante una renuncia, vacancia o impedimento permanente de la alcaldesa electa, lo que significa que un exalcalde destituido por uso indebido de fondos públicos podría, en determinadas circunstancias, terminar gobernando nuevamente la provincia por la vía de la sucesión, sin que los votantes lo hayan elegido directamente para ese cargo.
Este tipo de maniobras candidaturas en cargos menores que funcionan como puerta trasera al poder, licencias exprés que dejan acéfalos a los municipios, y un sistema que no impone ninguna restricción real a quienes fueron vacados por corrupción o conflicto de intereses revela que el problema no es solo de individuos, sino de un marco normativo demasiado permisivo. Mientras la legislación electoral siga permitiendo que la gestión pública se subordine al calendario de campaña y que la vacancia no implique ninguna consecuencia duradera para quien la provocó, Arequipa seguirá atrapada en un ciclo donde gobernar y hacer campaña termina siendo, en la práctica, la misma cosa.
Redacción Patty Mamani

