Viernes 09 de enero del 2026 – Segunda semana de Navidad

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18

Salmo 71, 1-2. 10-11. 12-13 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 45-52

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero él habló enseguida con ellos y les dijo:

«Animo, soy yo, no tengáis miedo».

Entró en la barca con ellos y amainó el viento.

Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

 

Reflexión

Estamos en la barca de la vida, de la vida de cada persona con sus circunstancias; quizá alguna tormenta habremos pasado o estamos pasando, dificultades fuertes de cada día. ¿Cómo reaccionamos ante él?

Se puede aparecer Jesús andando sobre las aguas, ahora que las lluvias son tan frecuentes en muchas partes del mundo, pero también sobre nuestro vivir de cada día, en los gestos diminutos, en una puerta que se abre como una oportunidad nueva, en una ventana abierta frente a mi derrotismo, una mano tendida, y yo también puedo ser “Jesús” para los otros: puedo decir una palabra de ánimo, puedo hacer un gesto de ayuda, puedo implicarme en la mejora de otras personas…

Porque yo, cada uno de nosotros, hemos experimentado primeramente a ese Jesús que nos dice en las diferentes vicisitudes de la vida. Hijo, hija, ten ánimo porque Yo soy, Yo estoy. Y esa confianza básica en El, se comparte, se comunica, se contagia. Y el amor que el Padre nos tiene, también.

F/ Dominicos.org

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *