Jueves 15 de enero del 2026 – Primera semana del Tiempo Ordinario – Año Par
Primera lectura, Lectura del primer libro de Samuel 4, 1-11
Salmo 43, 10-11. 14-15. 24-25 R/. Redímenos, Señor, por tu misericordia
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Reflexión
Hay dos cosas muy importantes que nos enseña hoy la actitud de este leproso; una es su humildad y la otra es su gran fe. Es él el que se acerca a Jesús, con la confianza de que Jesús puede sanarlo. El leproso no se siente rechazado por Cristo ni defraudado, sino todo lo contrario, se siente acogido y se va muy feliz, siente una felicidad que no solo la manifiesta por su curación física, sino también por la curación de su alma; ha experimentado el amor y la gran misericordia de Dios
Por otra parte, el leproso nos muestra cómo hay que pedir al Señor: con una gran humildad, algo que se ve no solo con el gesto de arrodillarse ante Jesús para pedirle, sino también poniendo por delante de su deseo y voluntad la voluntad de Dios. El leproso le dice a Jesús: “Si quieres puedes limpiarme”, es decir, pide que le sane, solo si es su voluntad. Su fe le lleva a ver que solo viviendo en la voluntad de Dios se es feliz; él no quiere vivir fuera de la voluntad de Dios, seguramente ya lo había experimentado

