Jueves 26 de Setiembre de 2019. 25ª Semana T.0.
Cosme y Damián (303)
Ag 1,1-8: Construyan el Templo. Salmo 149: El Señor ama a su pueblo. Lc 9,7-9: Herodes deseaba ver a Jesús.
Lc 9, 7-9: Herodes, Tetrarca de Galilea, quiere conocer a Jesús, quien predica el reino de Dios: el amor, la misericordia, la justicia y la paz. Sus palabras inquietan al poderoso Herodes, quien se pregunta: a Juan lo hice decapitar. El poderoso tetrarca de Galilea, tiembla como los poderosos de hoy ante este anuncio nuevo que va ganando adeptos y que en su mayoría son los pobres que lo acogen con esperanza de que su vida cambie.
La Palabra de Jesús, hace temblar a los poderosos de hoy, porque nos habla de libertad, verdad, justicia, reconciliación, paz, cuidado de la creación y fuerza liberadora de todo un pueblo. Tenemos una misión en esta tierra. “Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor. La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes [18]. Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio» [19], «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre»[20], «toda la vida de Cristo es misterio de Redención»[21], «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación»[22], y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros»[23]. (G.E. Llamados a la santidad No.20)
Jesús sigue siendo esa fuerza del amor frente a tanta violencia, intolerancia e indiferencia. Su amor transforma el dolor en fuente de vida. Jesús nos ama para ser personas nuevas y distintas. Su amor nos libera y nos construye como nuevas personas, para no temer, sino ser valientes en afirmar que el amor vence al odio y la violencia de cualquier tipo.
“Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (E.G. 187)
Fr. Héctor Herrera op.
