Sábado 9 de noviembre de 2019. C. 31ª Semana T.0.

Basílica de Letrán

1Cor 3,9c-11.16-17: Ustedes son templos de Dios. Salmo 45: El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Jn 2,13-22: Hablaba del templo de su cuerpo.

Después de un largo período de persecuciones, el emperador Constantino, construyó la basílica en sus terrenos del Laterano. La basílica se convierte “en madre y cabeza de todas las Iglesia del Orbe. Es la catedral del Papa, en comunión de amor y de unidad con la cátedra de Pedro. Fue inaugurada el 9 de noviembre del año 324 por el Papa Silvestre, quien la consagró al Santísimo Salvador y a San Juan de Letrán.

Jn 2,13-22, sitúa a Jesús en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua. El Templo era la sede del poder religioso, político y económico. Los que formaban el Sanedrín, saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, lo habían convertido en un comercio. Allí se sacrificaban los animales y se guardaba el dinero de las ofrendas que traían los peregrinos.

Jesús se indigna al ver este comercio de vendedores y cambistas y les dice: “Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado” (Jn 2,16)

El gesto profético de Jesús es una denuncia a un sistema de dinero y de corrupción, como hoy en día la economía del mercado que lo ha convertido en su dios. Lo que importa es la ganancia aun injustamente, sin pensar en el ser humano. Los dirigentes religiosos reaccionan ante esta actitud de Jesús, porque se les va de las manos el lucro.

Jesús anuncia que él es el nuevo templo: “Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré” (18) Jesús es el nuevo templo de la humanidad.

El apóstol Pablo, nos recuerda: ¿“No saben que son santuario de Dios y que el Espíritu Santo habita en Uds.? (1 Cor 3,16) Cada persona es templo vivo de Dios, merece respeto a su dignidad y con qué facilidad se trafica con el cuerpo de los seres humanos: ¿No saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en Uds.? (1 Cor 6,19)

Somos el nuevo Templo de Dios y el Espíritu de Dios habita en nosotros. El gran santuario es Jesucristo: él es la presencia de Dios; a través de él entramos en contacto con Dios. El Templo de Dios es santo; ese templo somos nosotros. Escuchemos a Dios en las angustias y esperanzas de todos nuestros hermanos. Edifiquemos nuestra fe en esa piedra angular que es Cristo, para que su amor se derrame en obras de misericordia y compasión a los más necesitados.

¿Nos respetamos y amamos como personas, templos vivos de Dios?

Fr. Héctor Herrera, O.P.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *