Miércoles 25 de Marzo de 2020. A. 4ª. Semana de Cuaresma.

La Anunciación del Señor

Is 7,10-14; 8,10:La virgen está encinta. Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Heb 10,4-10: Está escrito: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad» Lucas 1,26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Lc. 1,26-38.  Dios no elige Jerusalén, centro religioso del pueblo judío, sino una humilde aldea de Nazaret, se fija en una joven, cuya fe y convicción de que Dios cumpliría sus promesas de enviarles al Salvador era muy firme. Dios mira a los pobres y la escoge como símbolo de la humanidad que cree y espera la liberación de los humildes, cuya única fuerza es Dios.

Alégrate, es el saludo del mensajero Gabriel. Porque el anuncio de un niño sólo puede produce alegría. En ella se da la plenitud de la alegría anunciada por los profetas. Es la alegría de una nueva vida y es invitada a compartir esa alegría en el servicio y amor a los demás.

El Señor nos invita a contemplar en la gestación de este niño, la ternura y la bondad del que se hace uno de nosotros, para experimentar desde la realidad humana, la gracia y el don divino que nos ofrece su amor y reconciliación.

Jesús es el Dios con nosotros, se encarna en nuestra historia para que comprendamos el amor y respeto por la vida desde la gestación y en todo el crecimiento de la persona vemos que este Dios está en medio de nosotros nos compromete a cuidar la vida, la gracia de Dios en cada ser humano y los creyentes tenemos que comprometernos en decir sí a Dios, como lo hizo María para aceptar al niño, a la niña como un don de Dios.

El niño por nacer es fruto del Espíritu Santo que sigue animando a la Iglesia para proteger y defender la vida del no nacido y de todo su crecimiento. Somos imagen de Dios, llamados a construir con alegría un mundo con rostro más humano donde se respeten tanto los derechos del niño por nacer como de la mujer y de todo ser humano en todo su proceso de vida.

Nuestra vida tiene que ser una continua acción de gracias a Dios que en su gran misericordia se ha fijado en la humildad de María, para que por medio de ella, conozcamos al autor de la vida. Sólo el que cumple, vive y practica mi Palabra es mi hermano, a, madre, padre. En Cristo todo se hizo nuevo para que comprendamos cuán grande es el amor a la vida, en especial del no nacido o por nacer.

Este anuncio hace que María acepte por la fe, libre y voluntariamente, ser cooperadora en el plan de Dios: “Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí, tu palabra (v. 38). Desde aquel momento se encarnó Jesús, el Dios con nosotros y la humanidad se hizo nueva.

¿Cómo encarnas a Jesús en tu vida? ¿Cómo encarnamos en nuestras vidas, la Palabra creativa de Dios para ser constructores del reino de Dios? ¿Defendemos el derecho a la vida del no nacido o por nacer?

Fr. Héctor Herrera OP.

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