Jueves 26 de Marzo de 2020. A. 4a Semana de Cuaresma

Braulio (651)

Éx 32,7-14: Arrepiéntete de la amenaza. Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo. Jn 5,31-47: Hay uno que los acusa: Moisés.

Ex 32,7-14 nos dice que el pueblo olvidó el rostro verdadero de Dios y adoró el becerro de oro. Hoy el mundo financiero mira y adora al becerro de oro, que empeora la vida de millones de personas en países ricos y pobres. El Papa Francisco nos recuerda: «El dinero tiene que servir, no gobernar» Hay una «necesidad de reforma financiera, junto con líneas éticas que produzcan una reforma económica para beneficiar a todos». “Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana”. (Homilía del Papa Francisco 16.5.2013). No podemos adorar al mismo tiempo a Dios y al dinero.

Jn 5,31-37. Jesús es el testigo de la verdad frente a quienes niegan su divinidad y su misión: “Es otro el que testifica a mi favor, y su testimonio es válido” (v.32). Jesús les reprocha porque no creen que el Padre lo ha enviado. Predica un Dios diferente que ama y acoge a los pecadores.

Sus obras dan testimonio que el Padre lo ha enviado. En el momento de la cruz, el enviado, es objeto de burla. Su misión es testificada en la cruz que derriba a los falsos dioses. Los dioses de los justos, de los satisfechos.

¿Cómo escuchamos hoy la voz de Dios? ¿Hacemos la voluntad de Dios, recreando nuevas formas de vida educativa, religiosa, social, política que nos acerquen como hermanos unos a otros? ¿Seguimos al verdadero Dios de Jesús: al Dios compasivo y misericordioso que nos invita a la solidaridad con el hermano? ¿O estamos adorando al becerro de oro que nos lleva a la indiferencia e indolencia hacia el pobre y desprotegido?

Jesús tú no te buscas a ti mismo. Danos un corazón generoso y noble para ser testigos de tu reino de amor: amándonos, respetándonos, siendo tolerantes para buscar el bien común. Que seamos justos con todos. Porque tú solo eres justo que ve el corazón de cada ser humano. Que vivamos en paz, procurando el desarrollo integral de todo ser humano. Amén.

Fr. Héctor Herrera OP.

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