Miércoles 22 de Abril de 2020. A. 2ª Semana de Pascua

Cayo, papa y mártir (296) Sotero, papa y mártir (175)

Hch 5,17-26: Los encarcelados están en el templo. Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. Jn 3,16-21: Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo.

Jn 3,16-21, este pasaje del evangelio, nos habla del infinito amor misericordioso de Dios nuestro Padre: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna (v. 16)

Jesús se ha encarnado en nuestra vida por amor. Él ha venido para salvarnos, sanarnos. En este tiempo de quedarnos en casa, es necesario seguirlo, conociéndolo, creer en Él. Dejarnos enseñar por su Palabra, para cambiar nuestra vida, por las obras buenas que hagamos nos juzgarán y nos acercarán a la luz que es Jesús.

Estamos llamados a colaborar con el proyecto de Dios. Salir de las tinieblas del pecado que divide la indiferencia y egoísmos para ser personas más humanas, sensibles al hambre, a la sed, a la falta de trabajo de nuestros prójimos. Convertirnos a Jesús. Vivir la fe con alegría, ser más humanos y solidarios. La pandemia del coronavirus, tiene que ser un reto optar por Cristo y vivir la buena nueva que ilumina nuestra conciencia y nos impulsa a hacer y obrar el bien, como hijos de la Luz. Cristo es la luz (Jn 8,12).

La experiencia de la fe de los primeros cristianos (Hch 5,17-26) actuaban con plena libertad porque el Espíritu de Dios los animaba a obrar el bien. Ya no temen al poder temporal, porque la fuerza del Espíritu los llama a actuar sin temor, si no con libertad.

Hoy en día, cuando se desprecia la vida y la libertad religiosa, donde hay intolerancia no existe apertura al diálogo, se manipula y actúa con violencia. Los cristianos en el medio Oriente son perseguidos por su fe en Cristo, aún en medio de la persecución tienen el coraje de confesar a Cristo y de ayudarse mutuamente, siendo testigos de la vida frente al terror, fanatismo y mentira.

¿Cómo vivimos nuestra fe en el resucitado, amando y respetando a nuestro prójimo?

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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