Miércoles 13 de Mayo de 2020. A. 5ª Semana de Pascua

Nuestra Señora de Fátima

Hch 15,1-6: Controversia en la Comunidad. Salmo 121: Vayamos alegres a la casa del Señor. Jn 15,1-8: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.

Jn 15,1-8: Jesús es la vid verdadera (v.1). La imagen de la viña-vid símbolo de Israel es usada con frecuencia en el Antiguo Testamento casi siempre en relación con la infidelidad del pueblo de Dios (Is. 5,1-7; Jr. 2,21).

Jesús es la vid verdadera. El verdadero pueblo de Dios está formado por la vid y sus sarmientos. Jesús se refiere a su pueblo, a su Iglesia, que se construye a partir de él.  Su Padre es el labrador. Un labrador quiere que su viña dé frutos convenientes, para que sus miembros vivan con autenticidad y fidelidad.

La palabra de Jesús es vida. Sin embargo los hombres han perdido el sentido y el valor por la vida. El Papa Juan Pablo II nos dice en la carta el Evangelio de la vida que hay amenazas que proceden de la naturaleza misma y que se agravan por la desidia culpable y negligente de los hombres.

En su carta Querida Amazonía el Papa Francisco nos decía: No es sano que nos habituemos al mal, no nos hace bien permitir que nos anestesien la conciencia social mientras «una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por toda nuestra región […] pone en peligro la vida de millones de personas y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas» [11]. Las historias de injusticia y crueldad ocurridas en la Amazonia aun durante el siglo pasado deberían provocar un profundo rechazo, pero al mismo tiempo tendrían que volvernos más sensibles para reconocer formas también actuales de explotación humana, de atropello y de muerte. Con respecto al pasado vergonzoso, recojamos, por ejemplo, una narración sobre los padecimientos de los indígenas de la época del caucho en la Amazonia venezolana: «A los indígenas no les daban plata, sólo mercancía y cara, y nunca terminaban de pagarla, […] pagaban pero le decían al indígena: “Ud. está debiendo tanto” y tenía que volver el indígena a trabajar […]. Más de veinte pueblos ye’kuana fueron enteramente arrasados. Las mujeres ye’kuana fueron violadas y amputados sus pechos, las encintas desventuradas. A los hombres se les cortaban los dedos de las manos o las muñecas a fin de que no pudieran navegar, […] junto con otras escenas del más absurdo sadismo» [12]-

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada” (v. 5)

Si estamos unidos a Jesús seremos más sensibles a dar frutos de solidaridad, como se ha visto con Loreto para adquirir una planta de oxígeno y poder salvar vidas. Quien se identifica con Jesús ayuda a sanar y vendar las heridas de sus hermanos.

Al recordar 103 años (1917-2019) del mensaje de María en Fátima, a tres niños pastores: Jacinta, Francisco y Lucía, centremos nuestro sí como María a la voluntad de Dios: orar y trabajar en familia, dialogando, practicando la Palabra de Dios, para que exista la justicia y la paz en la familia y en la sociedad. Ella conoció la realidad pastoril, junto a Jesús, confiar el uno al otro, nos da la certeza que Dios está presente cuando sentimos esa fuerza de unirnos en la fe para lograr que la humanidad sea más humana y digna.

Fr. Héctor Herrera OP.

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