Lunes 17 de Agosto de 2020. A. 20ª. Semana T.0.
San Jacinto de Polonia, o.p. (1183-1257)
Ez 24:15-24: Ezequiel les servirá de señal. Interleccional Dt 32: ¡Despreciaste a la Roca que te engendró! Mt 19,16-22: Vende lo que tienes y tendrás un tesoro.
Mt 19,16-22. Un joven rico se acerca a Jesús y le pregunta Maestro ¿qué obras buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? (v.16)
Jesús le aclara y nos enseña: la vida eterna no se hereda. El joven rico, tal vez como nosotros tienen segura la vida. La vida eterna hay que conquistarla. Encuentra tu tesoro en Dios, el único bueno. Los fariseos presumían de ser buenos, por ser cumplidores de la Ley. El joven interlocutor, tal vez era un rico terrateniente. Lo cuestiona. Si quieres entrar en la vida eterna cumple los mandamientos, no mates, “no explotarás al jornalero pobre o necesitado, ya sea tu hermano tuyo o migrante” (Dt. 24,14) no cometas adulterio, honra a tus padres. Todo esto lo he cumplido le responde el joven.
El rico como nosotros, le ha preguntado a Jesús por las obras buenas. Jesús nos da una respuesta total: el amor a Dios y al prójimo. Era un varón honesto y sincero, como lo podemos ser nosotros. Pero le falta una cosa. “Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, después sígueme” (Mt 19,21). Esta es la propuesta de Jesús para todos nosotros. Quizás no tengamos bienes materiales o riquezas como este joven, a veces nos aferramos tanto al dinero, consumo de bienes, todo lo queremos para sí mismos, sin haber satisfecho las necesidades fundamentales del pan, vivienda, salud, educación. Nos aferramos a las cosas materiales, queremos aprovecharnos del cargo para acumular, no importa la nación. Queremos suprimir la palabra solidaridad. Jesús nos abre los ojos y el corazón: el tesoro es Dios y está en nuestros hermanos, as.
Esta pandemia, debe educarnos en la solidaridad, redescubrir el sentido cristiano, dar la vida por el que sufre. El Papa Francisco nos recuerda: la solidaridad se “convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones. Sólo cuando se es solidario de una manera concreta, superando visiones egoístas e intereses de parte, también se podrá lograr finalmente el objetivo de eliminar las formas de indigencia determinadas por la carencia de alimentos. Solidaridad que no se reduce a las diversas formas de asistencia, sino que se esfuerza por asegurar que un número cada vez mayor de personas puedan ser económicamente independientes. Se han dado muchos pasos en diferentes países, pero todavía estamos lejos de un mundo en el que todos puedan vivir con dignidad. (16 de octubre de 2013).
Fr. Héctor Herrera op

