PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A. D. 29.11.2020. MC 13, 33-37
VELEN, MIENTRAS LLEGA EL DUEÑO DE LA CASA
Adviento, tiempo especial con el que iniciamos el año litúrgico, nos recuerda que somos peregrinos en la tierra, que vamos de paso por el mundo y, por esta misma razón, debemos vivir nuestra fe en esta actitud de espera activa, pues el Señor viene y vendrá (Adviento). La liturgia de la palabra de estas primeras semanas nos invita a fijar la atención en la última venida de Cristo. Este primer domingo el Señor viene como nuestro Redentor por lo que se nos invita a vigilar y orar.
En la primera lectura, el profeta Isaías, maestro y modelo de preparación para recibir al Señor, y que nos acompañará frecuentemente en los tres domingos y entre semana, nos motiva a la esperanza ante la situación difícil por la que pasaba el Pueblo de Israel y que se asemeja en nuestros días a las situaciones que vamos pasando por este “valle de lágrimas” ante la injusticia, la mentira, la violencia, la insolidaridad que a veces nosotros mismos provocamos. Sin embargo Adviento es una renovada llamada a no perder el ánimo pues Dios es nuestro Padre, somos la arcilla y Él el alfarero.
Pablo, en la segunda lectura, nos refuerza nuestra esperanza en la venida del Señor a pesar de estar en un tiempo y espacio con inquietudes, incertidumbres, contradicciones cotidianas. El Señor ya vino y el Señor vendrá, nosotros estamos entre estas dos venidas y lo que nos toca entonces es ser fieles al Señor haciendo vida los dones del Espíritu que hemos recibido. Marcos que, nos acompañará este año litúrgico, recuerda la importancia de estar atentos, siempre vigilando activamente, es decir, haciendo bien lo que tenemos que hacer cada día, como aquellos servidores a quienes se les encargó su tarea. Es prepararnos cada día al encuentro de Cristo que viene, para que nos encuentre preparados cuando venga y podamos entrar en su gloria. Además hoy se nos recuerda que vivir en la Iglesia de Jesús es celebrar confiadamente en su promesa de que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. En esta coyuntura de la vida, somos invitados a vivir en vigilante espera convencidos que el Evangelio del señor Jesús nos ofrece la certeza y serenidad de saber que “vendrá”, aunque “no sabemos cuándo”. Una paradoja de la vida cristiana es que “la incertidumbre nos da seguridad” pues creemos firmemente que vendrá. ¿Cómo te estás preparando para tu encuentro con Cristo?
F/ Editorial Claretiana

