Martes 22 de diciembre de 2020. IV semana de Adviento

Francisca Cabrini, fundadora (1917)

1Sm 1, 19b. 24-28 El Señor me dió un hijo

Salmo 1Sm 2, 1.4-8abcd

Lc 1, 46-56: Me felicitarán todas las generaciones

1 Sm 1,24-28 nos presenta el cántico de Ana, que expresa la misma alegría que María canta en el Magnificat. Ana, la estéril, anuncia las dos maternidades de Isabel y de María. “Yo soy aquella mujer que estuvo aquí ante ti orando al Señor. Yo pedía este niño y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Por eso te lo entrego para toda la vida, para que sea tuyo”.

Cercanos ya a la Navidad, la liturgia se concentra en la contemplación de María; y rememoriza los nacimientos algo milagrosos que narra el Antiguo Testamento. Ana era estéril. Suplicó a Dios que se dignara «mirar la aflicción de su sierva». Habiendo sido escuchada su oración, consagró a Dios a su hijo, el pequeño Samuel. Isabel hará lo mismo que Ana, agradecer y orar.

María e Isabel se han encontrado. Dos mujeres del N.T. y del A.T. se unen para agradecer las maravillas que Dios hace en nuestras vidas. La joven María contempla, alaba y canta agradecida a ese Dios tierno que tiene un corazón de padre y de madre y que se fija en la más humilde de sus criaturas, porque le ha dado su Espíritu para que en ella todas las generaciones la llamen feliz porque creyó y confío en ese Dios de las sorpresas. Aún más su misericordia y compasión se extiende a todas las generaciones. Y cambiará la vida de los poderos y soberbios. Ya no habrá más opresión, la economía de los mercados, el dios dinero que devora y excluye a los pobres, que crea divisiones y guerras pasarán para dar paso a los humildes y colmarlos de bienes con el justo reparto de la tierra y de los alimentos, para que nadie muera de hambre. Este es el Dios amigo de Abraham y cercano a su pueblo.

 Qué alegría, cuando nosotros creyentes como Iglesia, no busquemos los primeros puestos, ni el poder como los poderosos, sino volvamos a las fuentes del evangelio, para proclamar con María, las grandezas del Señor, cuando cultivemos la fe con obras de atención a los niños, as, discapacitados, ciegos morales para abrirnos a la luz de Cristo. Que Él nos invada de la alegría que cantó María, porque es ejemplo de fidelidad, amor y ternura a Dios y a sus hijos.

¿Cómo agradecemos hoy, las maravillas que Dios sigue obrando en el pueblo de Dios? ¿Cómo nos preocupamos para cambiar las estructuras injustas por formas de vida más justas y humanas de acuerdo al proyecto de Dios?

Hagamos que Jesús de sentido a nuestras vidas. Que seamos esa ofrenda permanente a Dios, madurando y creciendo en el conocimiento y en el amor a Jesús, para que la fuerza de su Espíritu nos motive a hacer realidad el revertir todo proyecto del mal, por el proyecto de Dios, del amor, la verdad, la libertad, la justicia y la paz que brotan de su amor misericordioso hacia los más necesitados.

(+) Fr. Héctor Herrera op.

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