Martes 06 de julio de 2021. Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 14

Gén 32,23-33: Te llamaré Israel

Salmo: 16: Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia

Mt 9,32-38: La mies es abundante

Jamás se vio cosa igual en Israel

En este Evangelio el Señor se presenta como la Buena Noticia del Reino: en Él, en su palabra y sus signos Dios irrumpe en la vida de los hombres: los de entonces y los ahora. Cada vez que se lee y se proclama la Palabra, ésta se hace presencia novedosa en la vida de cada uno. Pero esta es una verdad de fe y solo por ella puede ser reconocida: ahí tenemos a los fariseos sosteniendo que los signos del Señor son obra del espíritu del mal.

El signo de la curación del endemoniado mudo, tras la resurrección de la hija de Jairo es paradigma de tantos y tantos hombres que no pueden o no les dejan ser ellos mismos, expresar sus sentimientos, llevar a cabo su proyecto de vida por la pobreza material o espiritual… El encuentro con Cristo le liberó de ese mal que le atenazaba y que en gran medida las personas creamos con nuestros miedos. Le devolvió su salud, su dignidad, la oportunidad de ser quien Dios sueña para cada uno de nosotros desde nuestro principio.

El Evangelio, en su segunda parte, se refiere a la compasión del Señor por esas muchedumbres que salían a su encuentro y que notaba abatidas “como ovejas sin pastor”. Luego lo comenta a sus discípulos, implicándolos en la necesaria misión que a todos los cristianos compete. Jesús, en este sentido, nos lanza un desafío: hoy más que nunca, hemos de mostrar entrañas de misericordia hacia una humanidad que camina desorientada entre tantas ofertas de sentido (aunque en realidad la mayoría más parecen sinsentidos). Y no bastan los lamentos o las palabras.

Vamos a pedir, junto al Señor, que se susciten en nuestras comunidades buenas y santas vocaciones para la misión “ad gentes”, pero también tomar conciencia de que todos somos llamados a proclamar con nuestra vida la Buena Nueva del Evangelio.

“La compasión verdadera no es la que brota del sentimiento, sino la que se realiza en comunión. Compasión quiere decir padecer con. Comunión, estar unido con. Ni la una ni la otra pueden reducirse a un calorcito en el corazón, sino a una mano que ayuda o una mano que abraza. La falsa compasión es la de las mujeres que lloraban camino de la cruz. La verdadera, la del Cirineo, que ayudó a llevarla. Sólo una humanidad de cirineos hará posible que quienes sufren lleguen a descubrir que Alguien (y alguien) les ama”.

F/ Dominicos.org

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *