Homilía XXI Domingo TO

Año litúrgico 2020-2021 (Ciclo B)

Lectura 1: Jos 24,1-2a.15-17.18b

Salmo: Sal. 33,2-3.16-17.18-19.20-21.22-23

Lectura 2: Ef 5,21-32

Evangelio: Jn 6,60-69

¿Alguna vez nos hemos visto tentado a huir de Jesús, de separarnos de nuestra comunidad de fe católica? Incluso podemos preguntarnos ¿a qué Dios servimos como pueblo creyente en Jesús y la acción del Espíritu?

¿A quiénes servimos?, ¿a qué Dios servimos? encaró Josué al entero pueblo de Israel con sus líderes, según vemos en la primera Lectura.

El pueblo reacciona indicando que no abandonará a Dios. Recuerdan que Dios antiguamente sacó al pueblo del lugar de esclavitud, Egipto. Dios hizo prodigios y cuidó al pueblo en su camino largo y tedioso, incluso cuando estuvo entre pueblos enemigos. El pueblo se proyecta hacia el futuro: todos servirán al Señor, nuestro Dios.

La Lectura segunda menciona el amor entre Cristo y su Iglesia, amor que procede en primer término del Señor. La intensidad de este amor ha de aplicarse entre los esposos, pero no como sumisión de una parte hacia otra, sino que como recíproco respeto, evitando toda violencia.

En el Evangelio muchos discípulos de Jesús mencionan que el hablar de Jesús es duro. Por tanto ¿quién podrá hacerle caso? Jesús menciona que es el Espíritu quien da vida, y que sus palabras son espíritu y vida. Sin embargo, algunos no creen.

Jesús menciona que “nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”. Aparece el encuentro del creyente con Jesús como una aproximación de Dios Padre hacia nosotros. La fe como regalo, como don precioso destinado a dar frutos de abundancia.

Pero muchos discípulos de Jesús se retractaron y huyeron. Esquivaron la fe, rehusaron la palabra y acción salvífica de Jesús.

La reacción de Jesús es impactante. Les dice a los Doce: “¿también pretenden marcharse?”

Simón Pedro sale adelante y exclama: “Señor, ¿a quién vamos a acudir?”. La razón es que Jesús tiene palabras de vida eterna. Jesucristo es la Palabra-Acción salvífica en favor del pueblo que acoge la fe.

El apóstol Pedro reconoce la fe de todos los Doce Apóstoles. Además Pedro es el primero en reconocer, aunque incluye a los demás apóstoles, que Jesús es el Santo de Dios, aquel Bendito venido de Dios para proclamar la cercanía de Dios en medio del pueblo.

¿Huiremos de nuestra propia comunidad espiritual?, pero si somos convocados por Dios para participar de su amor salvífico como pueblo de Dios.

Hemos de participar de manera comunitaria en nuestro sí a Jesús, que tiene palabras de vitalidad siempre actuales para nosotros.

 Fr. Marco Nureña, OP

Radio San Martín Arequipa

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