Sábado 16 de octubre de 2021.Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 28º

Rom 4,13.16-18: Abrahán es nuestro Padre

Salmo 104: El Señor nunca olvida sus promesas

Lc 12,8-12: El Espíritu les enseñará lo que hablarán

Lucas en  este  evangelio nos invita a pararnos a reflexionar y orar varios puntos  importantes para nuestra  vida de  creyentes.

Un primer punto  sería  el  reconocer a Jesús. Saber  comprometernos  con Él ante  todos los hombres sin avergonzarnos,  sin callarnos que  somos  sus  seguidores, que  creemos en su  vida y no negándole  por  esos miedos  o vergüenzas; o  quizás  como muchos  puedan  pensar, que ser cristianos es un engaño, una  mentira  de siglos. Y  tantas  y tantas  cosas  en contra  de Cristo.

 Y ante  eso  cuantas  veces no callamos, agachamos  la cabeza y miramos  para  otro  lado. ¡Cómo sale nuestra  cobardía en vez  de  mirar  de frente, con  fuerza y valentía  y  reconocer que  somos  creyentes, y que  sin Dios no somos  nada!

Nos  callamos  por miedo,  tapamos lo que  nuestro  corazón  siente  por  Dios, y  le  negamos  pensando que  como Dios es  misericordioso Él no nos negará. Pero  para que  eso no ocurra  debemos dar  un fuerte y fiel testimonio de nuestra entrega y amor a Cristo en  nuestras  vidas y así estaremos siempre  en comunión  con Él.

Otro de los puntos o  invitaciones que  se nos hace en este  evangelio  es  reconocer  al Espíritu  Santo  en nosotros  viendo el paso de  Dios en nuestras  vidas. Ver y reconocer  lo que Dios  va  haciendo en nosotros, en nuestro mundo  tan aislado  de  Él y a la  vez  tan necesitado de Dios.

Si  blasfemamos  contra el Espíritu estaremos  renegando de Él, nos  estaremos resistiendo  a su  obra, a su gracia. El  espíritu es  quien  nos  guía, quien nos  da la fuerza para ir  por  nuestro mundo  proclamando la Buena Noticia.

Y por último  aunque sea repitiendo un poco,  Jesús nos  pide nuestra  confianza  en Él,  nos pide que no tengamos miedo  de ser  sus testigos, pensemos en  cuántos  mártires ha habido y continúan dando  su  vida  por él, con valor,  con firmeza e incluso con  alegría  de  ser Cristianos.

Con Él  lo tenemos  todo,  y no  nos damos  cuenta  del  gran  privilegio el  regalo  de sentirnos  amados  por Dios. ¿Por qué  ocultarlo?  ¿Por qué  callarnos?

Y ahora  tomo unas  palabras del Hermano  Rafael Arnaiz,  que nos pueden  servir  y ayudar  mucho: «Aquel que me defienda delante de los hombres, el Hijo del hombre le defenderá ante los ángeles» (Lc 12, 8-12).¡Qué hipocresía decir que nada tiene, el que tiene a Dios! ¡Sí!, ¿por qué callarlo? ¿Por qué ocultarlo? ¿Por qué no gritar al mundo entero, y publicar a los cuatro vientos, las maravillas de Dios? ¿Por qué no decir a las gentes, y a todo el que quiera oírlo? ¿Ves lo que soy? ¿Veis lo que fui? ¿Veis mi miseria arrastrada por el fango? Pues no importa, maravillaos, a pesar de todo, yo tengo a Dios, Dios es mi amigo, que se hunda el sol, y se seque el mar de asombro…, Dios a mí me quiere tan entrañablemente, que si el mundo entero lo comprendiera, se volverían locas todas las criaturas y rugirían de estupor. Más aún todo eso es poco. Dios me quiere tanto que los mismos ángeles no lo comprenden. ¡Qué grande es la misericordia de Dios! ¡Quererme a mí, ser mi amigo, mi hermano, mi padre, mi maestro, ser Dios y ser yo lo que soy!”.

F/ Dominicos.org

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *