Lunes 06 diciembre de 2021. 2da Semana de Adviento
Nicolás de Bari (350)
Is 35,1-10: Verán la gloria del Señor
Salmo 84: Nuestro Dios viene y nos salvará
Lc 5,17-26: Levántate y vuelve a tu casa
La fe mueve montañas. Es un dicho popular cargado de verdad. No han pedido a Jesús la curación del paralítico, pero hacen todo lo que pueden para poner a aquel ser sufriente delante de Jesús, seguramente convencidos de que Jesús no dejaría sin curación a aquel pobre ser.
Pero Jesús se empeña en hacer lo difícil primero: ante aquel auditorio, lleno de fariseos y doctores de la ley, comienza por anunciar al paralítico que sus pecados quedan perdonados. Algo que nadie parece pedir es lo primero que otorga. Después va a curar su parálisis, pero el primer momento va a ser la reconciliación del ser humano con su creador. Si tenemos en cuenta que estas situaciones adversas de los hombres son consideradas castigos por pecados previos del sujeto o de sus padres, no es nada extraño que Jesús comience la curación del cuerpo con la curación del alma, aún a riesgo de enfrentarse a fariseos y doctores, a los que resulta fácil dar la razón. ¿Quién es este que se permite perdonar los pecados?
Para nosotros, ahora, resulta normal que Jesús perdone los pecados, pero a la vista de los judíos presentes, aquello era una pura blasfemia. ¡Algo que solo Dios puede hacer, se atreve a hacerlo este hijo del carpintero! Es increíble e inaceptable para los puristas de la ley. Y a continuación Jesús plantea otro problema curando al paralítico. Me imagino que fariseos y doctores, algunos venidos del propio templo de Jerusalén, no puedan ver el paralelismo de las dos acciones. Seguramente encuentran buena la curación, pero ¿qué tiene que ver con el perdón de los pecados?
Jesús está realizando lo que ha venido a hacer: Acercar al Dios lejano y terrible de fariseos, doctores y, seguramente muchos de los asistentes, y puede que de nosotros mismos, hasta hacerle amable, amoroso y extraordinariamente compasivo. El Dios del Antiguo Testamento va dejando asomar su rostro verdadero a través de la persona, las actitudes y acciones de Jesús. Dejará de ser el dios castigador, pera ser el verdadero Dios, fuente de amor y compasión. Y esto sí es admirable y esto es lo que llega a nosotros, aunque, a veces, nos cueste creerlo.

