Sábado 05 de Octubrede 2019. C. 26ª Semana T.0.
Tranquilino Ubiarco (1928) Ana Schäffer (1925)
Bar 4,5-12.27-29: Vuélvanse a buscar a Dios. Salmo 68: El Señor jamás desoye al pobre. Lc 10,17-24: Le di poder para vencer al enemigo.
Lc 10,17.24: Los setentidos discípulos regresan llenos de alegría de la misión. Es una pastoral en clave misionera, como lo hacía Jesús no excluye a nadie. Anunciar a Jesús es luchar contra todas las fuerzas del mal que esclavizan a los seres humanos: el fanatismo religioso que mata a inocentes, el tráfico de personas, la ambición, la codicia de poder, la indiferencia e injusticias contra los más necesitados, el no escuchar al pueblo, atentan contra la dignidad del ser humano.
¡Qué alegría experimentamos, cuando vemos a chicos y chicas, comprometiéndose con la misión de hacer conocer a Jesús a otros jóvenes! SIN TI NO HAY MISIÓN.
Dios ha elegido a los pobres y sencillos para anunciarnos una buena noticia. Sólo el que es humilde y sencillo se hace sencillo con los sencillos y refleja en su vida el rostro de Cristo tierno, amoroso, amable y sencillo con todos. El joven Francisco de Asís, se identificó y conectó con Jesús, se hizo pobre en medio de los pobres. Cantando y alabando a la creación nos enseñar a cuidar la casa común, el agua, los bosques, el aire. El Papa Francisco nos dice: “Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad” (L.S.n. 10).
Todos somos discípulos misioneros: “Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre “discípulos misioneros”. Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: ¡Hemos encontrado al Mesías! (Jn 1,41) (E.G.120)
Todos somos Iglesia, pueblo de Dios: La Iglesia está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra (cf. Mi 5,3; Mt 28,19; Hch 1,8; Rm 10,18) (JMM 2019)
¿Nos esforzamos por sembrar y comunicar los valores del evangelio? ¿Somos esa Iglesia que sale al encuentro del otro para compartir la alegría del evangelio del amor y de la vida?
Fr. Héctor Herrera, O.P.

