Viernes 18 de marzo de 2022 de la Segunda semana de Cuaresma
Primera lectura: Libro del Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28
Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21 R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43, 45-46
Era José el hijo predilecto de Israel, de tal modo que sus hermanos «lo aborrecieron»: la envidia les llevó a desear poner fin a su vida; pero, eso sí, que parezca un accidente. La benevolencia del primogénito, sin embargo, rebajó la pena del condenado y así José acabó en lo profundo de «un pozo sin agua», maltratado por sus propios hermanos, que posteriormente lo vendieron «como esclavo».
Nada nos dice el autor sobre los sentimientos de José; no pone ni media palabra en su boca. Pero no es difícil imaginar el dolor que debió sentir: la sensación de abandono y la soledad a la que se enfrentó; sin apoyos, lejos de su padre.
Ninguno de aquellos hermanos pudo imaginar que la salida de ese pozo, en cambio, supondría la auténtica liberación de José, enviado así «por delante» al país de Egipto para convertirse en la mano derecha del «rey», en el «administrador de su casa», «señor de todas sus posesiones».
A veces en la vida es necesario caer y tocar fondo para descubrir la mano amorosa de Dios, que nos levanta y nos libera hasta de nosotros mismos. Como nos recordaba el Papa Francisco hace unos años, «en el arte de ascender, no está el triunfo en no caer, sino en no permanecer caído». Pero cuesta tanto trepar cuando todo es oscuro alrededor, cuando tan lejos se vislumbra la luz y no conseguimos ni alzar la mirada…
No esperemos oro, ni lujos. Ese muchacho, el joven, «el soñador», nos dará una lección de misericordia para salvar del hambre «aquella tierra». ¿Su secreto? Solo Dios.
… hacia el asombro
No corrieron la misma suerte los criados y el hijo del propietario de la viña, apaleados y apedreados hasta la muerte por aquellos labradores de la parábola que nos cuenta Jesús. El dueño esperaba frutos y recogió cadáveres; confió en aquellos hombres y se vio traicionado. La pésima actuación de sus muchachos truncó todos sus planes: la deseada primavera se convirtió en el invierno más negro.
Jesús anuncia de este modo lo que él mismo padecerá antes de ser colgado en la Cruz: arrojado por el pueblo judío, su vida terminará como la de un malhechor; y nos deja un mensaje claro: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».
Como los hermanos de José, «los sumos sacerdotes y los fariseos», atendiendo a sus propios intereses, pretendían escalar por encima de sí mismos para acabar con la presencia del Dueño y Señor de la historia, el que mueve los hilos en busca de nuestro amor.
En cambio, los que parecían los últimos se convirtieron en los primeros: uno, de todo un territorio; el Otro, vencedor de la muerte, de la Creación entera.
Mucho cuesta salir de uno mismo, dejar a un lado las oscuridades que nos envuelven y dirigirnos hacia la luz de la tierra prometida, donde nadie pisotea a nadie porque solo el bien triunfa.
Hoy mi oración se dirige al Señor para pedirle la gracia de confiar en que siempre –siempre– estará a nuestro lado y, llegado el momento, nos rescatará del «pozo», aun del modo más impredecible.
Unamos nuestras voces para que nos conceda la fortaleza necesaria para centrarnos solo en Él; porque hay que ser fuertes para ello, para olvidarse de uno mismo y ofrecerle todo lo poco que uno es y amarle así sobre todas las cosas. Solo con una mirada fija en el Señor, nos dejaremos abajar hasta esa nada donde Él lo es todo.
F/DOMINICOS.ORG

