Sábado 13 de agosto 2022. Año litúrgico 2021 – 2022 – (Ciclo C)
Lectura de la profecía de Ezequiel 18,1-10.13b.30-32
Sal 50,12-13.14-15.18-19 R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Mateo 19,13-15: De los que son como ellos es el reino de los cielos
Con la imagen de un niño Jesús trata de darle toda la profundidad que tiene la dimensión del Reino. El Reino de Dios se rige por otros registros distintos a los de las categorías humanas y sociales. Tener más, abarcar más, el poder, la autoridad, sacar beneficio de todo, intereses particulares… Que de alguna manera están latentes en el corazón del discipulado, cuando en cierta ocasión Pedro le lanza la pregunta a Jesús: ¿Qué nos va a tocar? (Mt 19,27) O cuando iban de camino esos discípulos hablando de ser grandes y Jesús les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? (Mc 19,33). Clara es la respuesta del Maestro: Heredar la vida eterna y la clave de la grandeza del corazón es el servicio.
Prejuicios, etiquetas, distinciones, razas, color de piel… Que nos llevan a crear barreras entre los seres humanos. Jesús dice que no es así en el mundo del que se hace pequeño. Todo aquel que vive desde la inocencia y la humildad es grande en el Reino. Todo aquel que vacía su corazón de rencor y odio, todo aquel que es capaz de admirarse de la belleza de las cosas, todo aquel que no hace de su vida un problema por pedir ayuda, todo aquel que es capaz de pedir perdón con pureza de corazón, todo aquel que es capaz de perder la sensación de ridículo y entra espontáneamente a jugar, bailar, divertirse, para alegrar la vida de los demás, está sembrando el Reino y es feliz. Dichoso.
Han venido niños salidos del difícil conflicto en Ucrania. Salen a las distintas plazas de nuestras ciudades y se encuentran con otros niños. Qué poco necesitan para entrar en un mundo distinto, sin malicia, un mundo con sueños, proyectos, ilusiones: «De los que son como ellos es el reino de los cielos». Comienzan a jugar, a entenderse, a comunicarse, a empatizar, sin necesidad de un diccionario, sin necesidad de dominar los elementos esenciales de un idioma. El idioma que allí se mueve entre ellos es el del amor. El amor lo perdona todo, lo excusa todo, no lleva cuenta del mal. Esa es la tarea de hacerse pequeño y de implantar el Reino.
Acoger desde el perdón y con una sonrisa. Acoger al diferente con una mirada Limpia. Acoger las contrariedades de la vida y vivir alegre. Acoger y compartir desde lo poco que en algunas ocasiones se puede tener. Acoger y entregarse para servir a los demás. Eso habla del sabor del Reino de Dios.

