Sábado 17 de diciembre 2022. Tercera semana de Adviento
Lectura del libro del Génesis 49, 1-2. 8-10
Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8. 17 R/. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente
Mateo 1, 1-17: Libro del origen de Jesucristo
En la Edad media había un interés en considerarse “cristiano viejo”, que indicaba que por las venas no corría sangre alguna de judío o de musulmán.
San Mateo, en el texto de la genealogía, quiere dejar patente, la “pureza de sangre” de Jesús.
Pero además es una demostración de cómo el pueblo judío desarrolla su historia hacia el deseado, hacia el Mesías, que para San Mateo, es Jesús, como señala expresamente en el texto. La lectura y el texto evangélico nos ayudan a situarnos en el tiempo y en la sociedad en que nace Jesús.
A partir de esa preeminencia de sangre es como entenderemos la revolución de Jesús y de sus seguidores inmediatos más clarividentes, cuando insisten en que Dios no sabe de razas, todos, sea cual sea su raza, son hijos suyos.
Postura casi inadmisible entonces, quizás en parte ahora, por quienes se atribuían pertenecer al “pueblo elegido”. Si ese pueblo ha sido el elegido, lo es porque a él pertenecía Jesús de Nazaret, que proclamó que todos somos pueblo santo, elegido por Dios.
Por ello, la universalidad de la dignidad humana, supera las peculiaridades de cada raza.
Y no está de más que hoy lo tengamos en cuenta, cuando estamos desafiados por racismos, más o menos confesados, que se oponen a abrir nuestras fronteras, también mentales, a los diferentes por diversos factores, también por la raza.
Algo que es necesario para que se cumpla el deseo del salmo que recitamos en esta eucaristía: “Que en sus días florezca la justicia; y la paz abunde eternamente”.
F/ Dominicos.org

