A las Discípulas de Jesús: Promuevan caminos de inclusión
Los criterios del mundo “parecía absurda”, dice Francisco: “Qué sentido podía tener decir a las hermanas que se pusieran de rodillas para ‘adorar y reparar’? Sin embargo, como siempre, ¡el camino de la fe y del ofrecimiento de sí mismo funcionó!”
En efecto, la oración de aquellas valientes mujeres generó una fuerza contagiosa, que pronto las llevó a emprender y promover obras de rescate material, cultural y espiritual muy superiores a todas las expectativas. Despertaron la fe y el compromiso de las comunidades parroquiales y de las familias, fundaron escuelas de diversos tipos y niveles, reavivaron la devoción y el sentido de la propia dignidad en tantas personas, hombres y mujeres, jóvenes, adultos y ancianos, demasiado a menudo y durante demasiado tiempo oprimidos por condiciones de vida inhumanas y por el desprecio y la indiferencia del mundo circundante, que no veía en ellos más que descartes de la sociedad.
las Hermanas de Jesús Eucarístico “son testigos y herederas, pero también continuadoras” con su presencia en los cinco continentes, con los Centros Eucarísticos, las escuelas, las misiones y todos los servicios que llevan a cabo. Aún hoy no faltan los desafíos.
Partiendo de estar ante Jesús Eucaristía, Pan partido y Maestro que lava los pies a los discípulos aprendan también ustedes a mirar a sus hermanos y hermanas a través de la lupa de la Hostia consagrada. La Eucaristía, «punto focal, cegador e iluminador» de toda visión cristiana del hombre y del mundo, las impulsa a preocuparse, como hicieron monseñor Delle Nocche y las jóvenes Linda y Silvia, especialmente por los miembros más pobres, despreciados y marginados del Cuerpo de Cristo, a cuidar de ellos. Cuiden de éstos, los más pobres, más despreciados, los más marginados miembros del Cuerpo de Cristo. Y a ustedes las anima a promover caminos de inclusión y de rescate de la dignidad de las personas en las obras que se les confían.

