El vicio de la gula social es peligroso
“En realidad -enseña Jesús- no es lo que entra en el hombre lo que lo contamina, sino lo que sale de su corazón. Y así diciendo «declaraba que eran puros todos los alimentos» (Mc 7,19). Por eso el cristianismo no contempla los alimentos impuros. Pero la atención que debemos tener es aquella interior: por tanto, no respecto al alimento en sí, sino respecto a nuestra relación con él”.
El Papa precisó que Jesús deja claro que lo malo de un alimento no es el alimento en sí sino la relación que tenemos con él. “Y nosotros lo vemos cuando una persona tiene una relación desordenada con la comida, vemos cómo come, de prisa, con ganas de saciarse y nunca se sacia, no tiene una buena relación con la comida, es esclavo de la comida”, añadió. “Y Jesús valora la comida, el comer incluso en sociedad, en las comidas sociales donde se manifiestan tantos desequilibrios y tantas patologías”, agregó.
“Se come demasiado, o demasiado poco. A menudo se come en soledad. Se extienden los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia, obesidad… Y la medicina y la psicología intentan atajar la mala relación con la comida. Una mala relación con la comida produce todas estas enfermedades, todas”.
Bergoglio afirmó que se trata de enfermedades, a menudo muy dolorosas, vinculadas sobre todo con tormentos de la psique y del alma. “Existe una conexión entre el desequilibrio psíquico y la forma de comer los alimentos”, manifestó.
Según el Santo Padre, la comida es la manifestación de algo interior: “la predisposición al equilibrio o a la desmesura; la capacidad de dar gracias o la arrogante pretensión de autonomía; la empatía de quien sabe compartir la comida con los necesitados, o el egoísmo de quien lo acumula todo para sí mismo”. “Esta pregunta es muy importante. Dime cómo comes, y te diré qué alma posees. En nuestra forma de comer revelamos nuestro interior, nuestros hábitos, nuestras actitudes psíquicas”, continuó.
“La gula es una ‘locura del vientre’. También existe este proverbio, que dice que debemos comer para vivir, no vivir para comer, ‘una locura del vientre’”, sostuvo. “Es un vicio que se injerta en una de nuestras necesidades vitales, como la alimentación. Estemos atentos a esto”, advirtió Francisco.
Francisco insistió que el gran pecado es “la furia del vientre”, pues “hemos abjurado del nombre de hombres, para asumir otro, ‘consumidores’. Y hoy se habla así en la vida social, los consumidores”. Y lamentó que “ni siquiera nos dimos cuenta de que alguien había empezado a llamarnos así. Estábamos hechos para ser hombres y mujeres ‘eucarísticos’, capaces de dar gracias, discretos en el uso de la tierra, y en cambio nos hemos convertido en depredadores, y ahora nos estamos dando cuenta de que esta forma de ‘gula’ nos ha hecho mucho daño a nosotros y al medio ambiente en el que vivimos”.

