Viernes 27 de junio del 2025. Duodécima Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar
Primera lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-16
Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 5b- 11
Lucas 15, 3-7: He encontrado la oveja que se me había perdido
Un corazón que busca ama y salva
Hoy celebramos el amor más grande: el Corazón de Cristo, que no se cansa de buscarnos, de perdonarnos, de abrazarnos. El Sagrado Corazón no es solo un símbolo: es la certeza de que somos amados más allá de nuestras caídas.
En esta solemnidad del Sagrado Corazón, la Palabra de Dios nos invita a contemplar el amor incansable, fiel y misericordioso de Cristo. En la primera lectura el profeta Ezequiel nos presenta a Dios como el Buen Pastor, que sale en busca de la oveja perdida, la cura, la alimenta y le da descanso. No se queda esperando. Que gran alegría es conocer que es Dios siempre quien toma la iniciativa.
En la carta a los Romanos, San Pablo nos recuerda que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. Su amor no es una recompensa, sino un regalo que no merecemos por nuestros méritos. Su corazón no se cierra ante nuestra fragilidad: la acoge, la redime y la transforma con su gracia y amor.
La alegría del Pastor que encuentra
Y el Evangelio según San Lucas nos muestra la alegría del cielo por un solo pecador que se convierte. El Sagrado Corazón es el gozo del amor que no se rinde, que lleva sobre los hombros a quien ha caído, y celebra el regreso sin reproches.
Todas estas lecturas nos preparan para acoger con gozo el misterio de un amor que no se cansa, que salva y que nos lleva sobre sus hombros con ternura infinita.
Queridos hermanos y hermanas, hoy, dejemos que ese Corazón nos mire, nos abrace y nos renueve. Un corazón herido que sana, un corazón roto que ama, un corazón entregado que salva. ¡Sagrado Corazón de Jesús! En Vos confío.

