El impulso de la música arequipeña y el desafío de conquistar nuevos escenarios

La escena musical de Arequipa vive un momento vibrante. Cada vez más bandas y artistas locales están logrando posicionarse en escenarios nacionales, conquistando audiencias y rompiendo estigmas sobre lo que se produce fuera de Lima. Pero este auge no ha sido espontáneo ni libre de obstáculos. Para Felipe Escudero, Director General de la Escuela de Música Contemporánea de Arequipa, es el resultado del talento, la perseverancia y el trabajo profesional de los músicos, que ahora enfrentan el reto de consolidar su presencia en el circuito nacional.

“En Arequipa hay muchísimo talento musical”, afirma Escudero. “Muchas bandas de Arequipa ahora se escuchan a nivel nacional. Es más, me atrevo a decir que están liderando esta nueva corriente musical que se está dando en los últimos años”.

Bandas como 380, Lázaro Suplika Dopamina, Hammelin, Los Chapillacs, Mandra y Conejitos Suicidas, junto a solistas como El Mago Lo Hizo de Nuevo y Yamil Quiere Ser Artista, han logrado que sus propuestas lleguen a la capital y otros espacios del país. Son parte de una generación que ha apostado por profesionalizar su arte y construir una identidad propia.

Una escena en expansión y evolución

Aunque tradicionalmente Arequipa ha sido identificada como una ciudad rockera, Escudero señala que eso está cambiando. “Vemos que hay más propuestas de diversos géneros y estilos. Eso demuestra que la escena está viva, que evoluciona y que responde a nuevas influencias y públicos”.

Esa apertura ha permitido que surjan propuestas más frescas, híbridas y auténticas, con artistas que exploran desde el pop experimental hasta la fusión con sonidos andinos, sin perder identidad ni conexión con su origen.

Espacios públicos para la música

Sin embargo, el crecimiento artístico choca con una limitación evidente; la falta de espacios adecuados para el desarrollo de la música. “Hacen falta muchísimos espacios en Arequipa, no solo espacios privados como los tradicionales bares”, señala Escudero con preocupación.

A su visión, la música debería tener un lugar en los espacios públicos. “La música debería estar presente en cualquier espacio público, para que todo tipo de público pueda acceder a ella”. Esto no solo permitiría acercar el arte a la población, sino que también impulsaría la carrera de los músicos locales y fortalecería la cultura como una expresión viva de la región.

Como ejemplo positivo, menciona el Festival de la Música, que se ha venido realizando por 34 años seguidos en la ciudad y ha logrado visibilizar el talento regional y también el nacional e internacional. “Espacios públicos como ese permiten que el público conozca el talento que existe en Arequipa”, sostiene.

Profesionalización y mentalidad como claves para proyectarse

Sobre cómo se logra “exportar” talento local hacia escenarios más grandes, Escudero es claro: “el éxito no solo depende de las oportunidades externas, sino también de la mentalidad del artista”.

“Si bien los espacios son un tema importante, yo veo que también depende de la mentalidad del artista, de realmente estar enfocado en que quiere vivir de la música”, afirma. Esto implica entender que ser músico también es emprender porque implica conocer a su público, manejar redes sociales, mejorar su producto artístico y asumir su carrera con visión empresarial.

“Una banda al final es un emprendimiento como cualquier otro, en el que tienes que forjar día a día y con eso generar tus ingresos para seguir viviendo, básicamente”, explica el director, quien desde su institución promueve una formación artística con enfoque profesional.

El futuro de la música arequipeña

La música que se crea en Arequipa no tiene nada que envidiarle a la que se produce en las grandes capitales. El talento está presente, pero para que brille y se mantenga, requiere de más espacios públicos, políticas culturales activas y una mentalidad decidida de sus protagonistas.

Felipe Escudero lo resume así: “La música no es más que una manifestación cultural. Y como tal, debemos protegerla, promoverla y profesionalizarla”. El futuro de la música arequipeña suena bien, pero necesita de una estructura que le dé volumen.

Redacción Julio Mamani

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