Alumnos viven en cuartos de piedra y barro mientras esperan un colegio que el Estado promete hace años

Al menos 20 estudiantes del colegio 40142, en el anexo Huarcaya de Huaynacotas (La Unión), sobreviven en un albergue que no merece llamarse así: cuartos de piedra y barro, techos de calamina que gotean con la lluvia y paredes abiertas por donde ingresa el frío del viento. Allí duermen niños y adolescentes de 4 a 17 años, en camas improvisadas con cueros de cordero y sin servicios básicos. La descripción, hecha por el propio alcalde escolar, José Gabriel Gómez, revela una realidad que bordea la desidia absoluta. Él y su compañera Betty llegaron esta semana al Consejo Regional para pedir lo que debería ser un derecho elemental: un colegio y un albergue seguros.

La precariedad es tan severa que los propios estudiantes, especialmente los mayores, cuidan a sus hermanos menores, preparan sus comidas y se organizan para sobrevivir. El programa Wasi Makuna cubre el desayuno, pero el almuerzo y la cena dependen de ellos. Con repisas hechas de tablas, piedras como estantes y carpetas viejas como mesas, los estudiantes intentan mantener el orden mientras enfrentan enfermedades frecuentes. La anemia afecta al 50% de ellos y las infecciones respiratorias se han vuelto comunes. Uno de los casos más graves fue el de un estudiante de 13 años, evacuado a Castilla por neumonía tras días de complicaciones.

A eso se suma la falta de agua potable, desagüe y electricidad adecuada: el agua proviene de un pujio, los paneles solares instalados por una ONG no cubren sus necesidades y no existe un solo equipo tecnológico en la institución. Las aulas y los dormitorios fueron levantados por los propios padres hace décadas. Hoy, la escuela tiene 56 años y ninguna mejora sustancial por parte del Estado. En 2022 existió un expediente técnico valorizado en 18 millones de soles para reconstruir el colegio, pero quedó paralizado por problemas de agua subterránea. La familia Huanacchire llegó a donar un terreno de 5 mil m² para facilitar la obra, pero ante la falta de avances exigió su devolución.

El Gobierno Regional anunció un mantenimiento por 217 mil soles para marzo de 2025, pero ese compromiso nunca se ejecutó. Aunque recientemente se aprobó la ficha de mantenimiento, los estudiantes siguen viviendo en condiciones que contradicen todo discurso sobre equidad educativa y protección de la infancia. Ante esta indiferencia institucional, los propios alumnos gestionan apoyo de colegios de Arequipa para conseguir ropa, mobiliario y libros como regalos de Navidad. Su pedido, sin embargo, va más allá de la solidaridad: exigen dignidad y un Estado que, al menos una vez, cumpla lo que promete.

Redacción Pamela Amesquita

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