Sor Ana de los Ángeles Monteagudo

Fue una religiosa católica dominica peruana de la Orden de los Predicadores. Nació en la ciudad de Arequipa el 26 de julio de 1602; su padre fue Sebastián Monteagudo de la Jara, de nacionalidad española, y su madre Francisca Ponce de León era arequipeña.   Tenía 7 hermanos y fue entregada por sus padres a los 3 años de edad a las monjas de Santa Catalina para ser educada e instruida; cuando Sor Ana cumplió los 14 años, sus padres decidieron retirarla del monasterio para que forme un hogar.

Sor Ana llegó a su casa, pero no quería casarse y volvió al convento, tras muchos inconvenientes por parte de sus padres, quienes se negaban a que continúe en el convento, y a presión de los mismos la Madre Priora se propuso cumplir el deseo de sus padres y empezó a tratar con dureza a Sor Ana; sin embargo, Sor Ana, fiel a su decisión, soportó con paciencia y gran vocación. Un día de meditación se le apareció en una visión, Santa Catalina de Siena, quien le dijo que había sido elegida para entrar en el estado religioso, vistiendo el hábito dominicano. Le dirigió estas palabras: «Ana, hija mía, este hábito te tengo preparado; déjalo todo por Dios; yo te aseguro que nada te faltará».

Su noviciado inició en 1616 en el Monasterio de Santa Catalina, donde adoptó el nombre de “Sor Ana de los Ángeles”; su dote fue pagado por su hermano sacerdote Francisco, ya que sus padres se negaban a pagar; así comenzó su vida religiosa vistiendo hábitos y sandalias usados, vivía en una gran abstinencia comiendo solo para conservar la vida.   Conmovida por la vida de San Nicolás Tolentino, decidió también socorrer a las almas más necesitadas, desarrollando un espíritu de penitencia, ayunos y disciplinas de oración y meditación, siempre pidiendo consejos de las hermanas dominicas para llegar a ser una verdadera religiosa dominica.

En el convento de Santa Catalina, llegó a ocupar los cargos de portera, maestra de novicias y abadesa; siempre brindaba ayuda a quien la necesitaba. Durante una peste que azotó Arequipa, atendió, abnegada y heroicamente, a las víctimas.  Después de 10 años de una ceguera y penosas enfermedades, partió al encuentro del Señor un 10 de enero de 1686.

El 16 de julio de 1686, las religiosas catalinas presentaron una petición de santificación por la cantidad de milagros que se le atribuían a Sor Ana de los ángeles y fue en 1898 que el Episcopado Americano, reunido en Roma pidió a S.S. León XIII la canonización de Fray Martín de Porres, incluyendo también la pronta beatificación de Sor Ana de los Ángeles. Mons. Manuel Segundo Ballón inicia la instrucción de un «Proceso Adicional», que fue remitido a Roma el 18 de diciembre de 1903.

El papa Juan Pablo II da por válido el milagro atribuido a Sor Ana de los Ángeles, obrado en favor de la señora María Vera de Jarrín, de un gravísimo e incurable tumor canceroso en el útero y en tercer grado. De esta manera culmina el largo proceso de las virtudes y milagros, quedando expedito el camino para la Beatificación.

El 2 de febrero de 1985, en la visita que realizó el papa Juan Pablo II al Perú, en la ciudad de Arequipa, el Santo Padre pronunció estas palabras: «Hoy la Iglesia en Arequipa y en todo el Perú desea adorar a Dios de una manera especial por los beneficios que Él ha concedido al Pueblo de Dios mediante el servicio de una humilde religiosa: Sor Ana de los Ángeles».

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